Enésimo intento de engaño al ciudadano: con el SDDR no te pagan por reciclar

La pertinaz desfachatez de los promotores-vendedores del SDDR no tiene límites: más de siete años después de presentarse por primera vez en público, la organización disfrazada de ecologista ahora desdoblada en dos, cuyos directores comerciales quieren vender decenas de miles de máquinas de retorno de envases por cuenta de sus patrocinadores en España, según la noticia,  “una asociación formada por ecologistas, consumidores y sindicatos, y financiada por empresarios alemanes del sector” ,   es decir, los que pretenden vender las dichosas máquinas de recogida de envases, las vuelve a presentar en varias comunidades autónomas, como si se tratara de un sistema que paga al ciudadano por reciclar cada envase. Se habla de 10 céntimos (la inflación ha hecho estragos), cuando en los primeros intentos de engaño allá por 2011 pagaban sólo 5 céntimos. En otros puntos se habla de  “pagar”  al ciudadano 25 céntimos.

En los últimos días la noticia ha vuelto a saltar a los medios: un supermercado de Gáldar (Gran Canaria) aparece como el primero en Canarias en pagar por llevar envases para reciclar. En la misma línea, otro en Lanzarote y, hace algunas semanas se producía una noticia similar en Mallorca.

En primer lugar, nunca hemos dudado de la buena voluntad de los responsables del comercio que han creído ver un elemento atractivo para su negocio instalar una máquina de reciclar envases. Mucho más si, como es previsible, se la han colocado gratis en su tienda. Sólo deberían imaginarse, si el sistema continuara, que les habría costado 20.000 € aproximadamente el aparato, más los costes de luz, limpieza, almacenamiento de los envases recogidos (que no les vendrían a buscar gratis como ahora) en un lugar distinto de donde almacenan los alimentos que venden por seguridad alimentaria, y además adelantar al sistema el importe del depósito de todos los envases comprados, a la espera de que los clientes se los fueran reintegrando al llevarse las bebidas,

Así reflejaba abc de Canarias una noticia de Gáldar el pasado 27 de febrero, y otra similar en Lanzarote.

Muchas veces la inestimable ayuda de los políticos regionales contribuye a dar visibilidad a estas iniciativas, donde los inocentes ciudadanos que participan no pueden menos que acoger con entusiasmo, sin saber que es un engaño, el teatrillo donde les pagan diez céntimos por llevar una botella de agua o algún envase similar.

En los últimos shows el engaño es doble: en Mallorca, junto a unas máquinas que reciben y aplastan envases para su reciclado presentan cientos de envases recogidos sin aplastar para que hagan bulto, con lo que los ciudadanos que han participado de buena fe se van a llevar un doble engaño,

a) creerse que les van a pagar por reciclar

b) que los envases podrían no ser para reciclar, y por eso están íntegros.

En el último simulacro de proyecto piloto en Palma, un cartel indica que se dan 10 ç por cada envase traído, y unas bolsas de envases vacíos esconden que los envases recogidos se aplastan para llevar a reciclar invitando a pensar que se van a reutilizar

 

No hay que esperar mucho para ver cómo se propaga el tercer y último engaño habitual en estos lances:

c) que ésto es como era antes “devolver el casco” 

¿Qué les decía? el propio periódico lo indica “Los envases serán en un primer paso reciclables, y en el futuro reutilizables. Para la organización que lo promueve, la infraestructura asociada al sistema de retorno de envases de un solo uso permitiría avanzar hacia la reutilización, como se hacía antes en Canarias. Lástima que el propio medio recuerde que  Lo que no ha conseguido el SDDR en Alemania es aumentar la reutilización, ya que desde 2003, exceptuando las botellas de vidrio de cerveza, el porcentaje de envases reutilizables ha descendido del 70 al 40%

Si el sistema progresara en Baleares, Canarias o cualquier otra región,  (después del Brexit, Trump y algún proceso que sigue en bucle por ahí cualquier cosa es posible) los sufridos habitantes de Baleares o Canarias no tardarán en comprobar en sus bolsillos que la broma no les va a pagar diez céntimos por envase devuelto, sino que cada bebida le va a costar diez céntimos más si se porta bien, guarda los envases y los lleva diligentemente de vuelta al comercio sin que se estropeen para que la dichosa máquina los pueda leer, y veinte cántimos más si por alguna razón no puede llevarlo de vuelta a la tienda.

 

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