Por casualidad, ¿no habrá visto usted el Rainbow Warrior por Tailandia?

Seguramente no lo ha visto.  Yo le voy a explicar por qué, y también por qué habría sido mejor que lo hubiera visto por allí. Pero déjeme que antes, como navegante a vela desde hace muchos años, le cuente mi impresión sobre dicho objeto flotante. El Rainbow Warrior es un antiguo barco mercante, que se mueve con combustibles fósiles, es decir que contamina y emite CO2 como todo el mundo, pero que simula ser un velero. De hecho tiene un foque enrrollable y, me ha parecido ver, dos botavaras, aunque no he acertado a ver las velas. Un barco de vela debería tener mástil- o mástiles si fuera, por ejemplo, una goleta- pero en lugar de mástiles tiene una especie de grúas, más pensadas para izar pancartas que velas. También se parecen bastante a las estructuras que soportan los trapecios en los circos. Es decir, mi impresión es que está más orientado al espectáculo que a la navegación.

Pues bien, dicho barco acaba de realizar una turné de promoción del sistema de depósito de envases (SDDR) por las tres regiones españolas que están considerando su implantación: Baleares, Cataluña y Comunidad Valenciana, acompañado por las organizaciones que pretenden vender el sistema. Ni que decir tiene que todos los que promueven el SDDR, además de bastante gente de buena fe que creía que iba a otra cosa, han pasado por allí.

ximo en el RW

Promoción del SDDR en el puerto de Valencia a bordo del Rainbow Warrior. Responsables de Retorna y Greenpeace explican el sistema al presidente valenciano.

La excusa para este viaje de promoción ha sido el vertido de plásticos en el mar. De hecho, hasta alguna autoridad se ha manifestado contra el plástico en una artística performance, subido en una tabla de surf, que, como los aficionados (en mi caso al windsurf, cuyo material tiene una composición similar) sabemos, tiene un núcleo de resina de poliuretano recubierta de una capa resistente de poliéster. Para que no rozara con el suelo, la tabla estaba sobre una lámina de PVC. Detrás se había simulado una ola del océano, seguramente con polietileno, coloreado de azul, y en las manos tenía un cartel de PVC amarillo que (interpretado libremente) decía algo así como “acabemos con el plástico”. Mal comparado, es como si yo protestase de los combustibles fósiles bañándome en un jacuzzi de gasóleo.

El argumento utilizado es que vertemos al mar tanto plástico que en el año 2050 habrá en el mar más plástico que peces, pero la razón de fondo es una vez más apelar a nuestras emociones explicando que los vertidos de plástico en el mar se acabarían implantando el famoso SDDR, y que así evitaríamos que las botellas de bebidas se convirtieran en microplásticos, dañando así a los ecosistemas.

Buen intento, pero una vez más fallan los números. Anumerismo y Pseudociencia, los dos principios fundamentales que guían la actividad de buena parte de los activistas ambientales, nos hacen recordar un par de cosas importantes:

  • Por una parte el PET, material del que están fabricadas las botellas de bebidas de uso universal, y que teóricamente desaparecerían al poner en marcha el SDDR, según el informe del programa de medio ambiente de la ONU (PNUMA) es prácticamente inexistente, o al menos el de menor importancia, entre los microplásticos que se encuentran en los océanos.
  • Por otra parte, uno de los documentos clave sobre plásticos en el mar que sirve de base a la estrategia internacional para acabar con este problema es el informe “The new plastics economy. Rethinking the future of plastics” de la fundación Ellen McArthur. Estoy absolutamente convencido de que 999 de cada mil personas que hablan del problema de los plásticos en los océanos y citan este informe no lo han leído. Yo sí lo he hecho, y me gustaría recordar que -como siempre, para resolver un problema hay que cuantificarlo, digo yo – por favor, no nos hablen de ciencia que está en juego el futuro de nuestros nietos, dirán algunos- una de las conclusiones más importantes a la hora de cuantificar el problema es el hecho de que de todos los plásticos vertidos en el mar, el 2% proceden de la suma de Estados Unidos y Europa, el 82% de Asia y el 16% de otras regiones.

La verdad, no sé que espera el Rainbow Warrior para iniciar su periplo asiático y dejar de marearnos en Europa.

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