¿Añoras volver a retornar los envases? Reconócelo, nunca devolviste uno.

Seamos serios: la mayor parte de los que añoran volver a devolver los envases nunca devolvieron uno en una tienda -es ley de vida- y los que más vociferan sobre el asunto, les guste o no, no habían nacido cuando se devolvía el casco. Así que me gustaría hacer un mini recorrido histórico de cómo evolucionó lo de retornar los envases en la tienda. Por ley de vida puedo asegurar que yo sí lo hice.

Allá por los años cincuenta del siglo XX, prácticamente la única bebida envasada que se consumía en el hogar era el vino que, por supuesto, las bodegas que tenían una reputación que mantener nunca vendieron en envase reutilizable; no obstante la mayor parte de las familias lo compraban en la bodega a granel: iban con su botella, la llenaban y una vez terminado la lavaban para ir a buscar más vino.

Los más pudientes se permitían tener en casa agua mineral, pero los pocos que consumían agua embotellada en casa tenían también servicio, que se ocupaba de traerla y después devolver el casco. Prácticamente la única bebida comercial envasada que se consumía en el hogar  en envase reutilizable de manera regular era la leche, que también repartían – y recogían posteriormente, al igual que el yogur – las compañías distribuidoras. El yogur – el único tipo que había, y que había que consumir rápidamente- se distribuía en uno de los más icónicos envases reutilizables: el famoso tarro de loza tapado con papel de celofán y sellado con una gomita que encajaba en una hendidura superior, como puede verse en la figura. tarro de yogur Poch 1953

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Anuncio y tarro de loza de yogur de 1953

Ese “reparto diario a domicilio, con su pedido de leche” es ni más ni menos tal como se distribuyen hoy día las bebidas en envase reutilizable en la  hostelería. ¡Qué tiempos, año 1953, en el que la esperanza de vida al nacer de los hombres en España era de 61 años, y la de las mujeres de 65!

De todas formas la leche se compraba preferentemente a granel, con una lechera (había que hervirla al llegar a casa, ya que no solía tener condiciones sanitarias de fiar) .

Tampoco había refrescos (el más popular de todos tuvo que esperar a que se levantara el embargo posterior a la guerra civil para llegar a España), por lo que prácticamente el único refresco disponible era la gaseosa, a la que llamábamos limón. Ese limón no se llevaba a casa, sino que se consumía en bares o merenderos, y además se servía en botellas de cava recuperadas. En cada pueblo había una fábrica de gaseosa, y, como sabe cualquier aficionado al estudio del análisis del ciclo de vida de productos, aquella opción de envasado (muchos viajes cortos)  era la más adecuada en ese contexto.

Posteriormente llegó la marca más famosa -el nombre por el que se sigue llamando a cualquier gaseosa- con su botella de tapón de porcelana, clip y goma, que supuso una auténtica revolución. El depósito que se pagaba sobre el casco valía unas seis veces el importe del producto, y la rotura de una de aquellas botellas (como se por experiencia) podía considerarse un drama merecedor de quedarse sin salir un par de semanas. También era raro consumir cerveza en casa, por lo que la cerveza de barril era absolutamente hegemónica.

Más adelante apareció la distribución moderna y pudimos tener en casa variedad de productos, incluso al principio había también la opción de llevarse algunas bebidas a casa en envase reutilizable, que hacía un suplicio tener que llevar de vuelta al supermercado una cantidad tan grande de pesados envases; nos pusimos a reciclarlos y se acabó la historia.

Así que sería interesante, al ver cuánta gente añora épocas que no vivió, si los que echan de menos devolver el casco quieren volver a la época del embargo, la de la lechera para luego hervir la leche en casa, la epoca en que los productos disponibles eran el yogur de loza – un sólo sabor, por supuesto- o la leche de corta duración, porque algunas décadas más tarde yo prefiero envases seguros y reciclables en destino, del tamaño adecuado y con la variedad de tipos y sabores adecuada a mi necesidad de consumo, que me garanticen la seguridad alimentaria y trazabilidad del producto, respaldada por la responsabilidad del envasador que lo produce.

9 pensamientos en “¿Añoras volver a retornar los envases? Reconócelo, nunca devolviste uno.

    • Yo calculo que las primeras latas de refresco fabricadas en España saldrían al mercado hacia 1981-2. Las primeras de cerveza datan de 1966 (Cerveza Skol, llenada en Breda Gerona) con tapa de apertura fácil, al menos la tapa era importada seguro.

  1. 1953, perdón, cuando la esperanza de vida al nacer era de 65 años, pues creo que quedan todavía unos pocos vivos nacidos en esa época que vivieron los 60 y formaron un hogar en los 70 y 80 sin tener chacha que les bajase los casos al mercado, incluso hijos de esos que se ganaban la paga semanal si no rompían la botella de casera.

    Memoria selectiva.

    • La esperanza de vida al nacer es un concepto estadístico, y uno de los indicadores de la calidad de vida más comunes, aunque resulta difícil de medir. La definición está también sujeta a controversia, ya que se calcula como los años que un recién nacido puede esperar vivir si los patrones de mortalidad por edades imperantes en el momento de su nacimiento siguieran siendo los mismos a lo largo de toda su vida. Actualmente está en unos 85 años para las mujeres y unos 82 para los hombres en España. Quizá no sea muy riguroso, pero probablemente es el mejor indicador de que disponen los científicos.

  2. De verdad le agradezco el esfuerzo de escribir, pero no puedo estar más en desacuerdo. Aparte de la confusión y mezcla de epocas, ceo que usted y yo hemos debido vivir en países diferentes. Viví los 70 y los 80 y yo sí recuerdo perfectamente como todo el mundo devolvía los envases de vidrio, no en los supermercados, que casi ni existían, si no en las tiendas de barrio. No suponía ningun suplicio. Todo el mundo lo hacía y nadie se quejaba. Comprabamos mas a menudo, productos locales, menos envasados Luego vino todo lo demás. Y ahora somos tan “modernos” que cada día llenamos un cubo de residuos de envases, consumiendo materias primas y energía como si no hubiera un mañana, y simplemente porque los criterios económicos primaron y siguen primando sobre los ambientales. Eso, con todos los respetos, es lo que yo viví y no lo que cuenta usted.
    Saludos.

    • Gracias por su comentario, y entiendo que discrepe; no hemos vivido en países diferentes, pero también creo que idealiza el pasado. En los 70 sí había supermercados, y tampoco tenían mucho sitio para recibir y almacenar las botellas devueltas. Las botellas de vino (salvo algunos vinos de mesa baratos) o licor, sidra, cava, aceite, etc…. así como los tarros de conservas vegetales o de frutas, espárragos, etc, no se devolvían: le recuerdo que se tiraban a la basura, porque no se rellenaban y tampoco había contenedores de vidrio como hay ahora; seguro que acierto si supongo que tampoco añora ese modo de operar. En 1976, en la zona próxima a donde yo vivo apareció uno de los primeros hipermercados, y de hecho se llamaba así: Híper. Las botellas de refrescos y cervezas se devolvían en una zona exterior aneja al edificio principal, de unos doscientos metros cuadrados, en una máquina que, por cierto, también fabricaba la compañía que ahora paga la cuenta -algunos millones de euros en comunicación y viajes a enseñar el sistema cada año – de toda la operación de introducción del SDDR en España y en especial en algunas CCAA. En la época de calor, la cola al sol para devolver los envases era insufrible. Cuando la máquina se atascaba había que llamar a un empleado que al cabo de un rato la arreglaba mientras la cola crecía. Avanzado el verano, en esa cola compartíamos el espacio con las avispas que venían al olor de los refrescos y cerveza que goteaban por allí. Alguna que otra botella se caía al suelo, se rompía y había que tener cuidado de no cortarse. Nada de chanclas, por cierto. Una cosa es devolver de vez en cuando un par de botellas de gaseosa (la situación que yo recordaba de pequeño) en la taberna debajo de casa, y otra muy distinta tener un consumo familiar más acorde con la variedad de bebidas actual. Esa incomodidad, aunque en menor grado, se sigue produciendo en los países con depósito y la comentaba precisamente uno de los ponentes alemanes en una jornada reciente en Valencia sobre SDDR. Los mayores avances en sostenibilidad se han producido en los envases de un sólo uso, que cada vez se reciclan más, y además sin distinción de productos, materiales o formatos, a diferencia del SDDR, que sólo se queda con los materiales más limpios y más valiosos y de los tamaños y formas que mejor le vienen a las máquinas que se quieren vender.

      • Muchas gracias por su contestación.
        Lo cierto es que yo soy más de idealizar el futuro que el pasado por eso tengo esperanzas de que el medio ambiente tenga algo más de peso en esta sociedad y que se permita que el actual e ineficiente modelo de gestión de residuos de envases cambie a mejor.
        Me resulta difícil entender la oposición a un SDDR con reciclaje pero lo acepto, pero, sinceramente rechazar la reutilización es algo raro raro raro. La verdad es que no conozco a nadie más que lo haga. Se lo respeto pero no lo entiendo.
        Aparte de esto, muchas otras cosas que decir sobre lo que comenta, por ejemplo: por supuesto que en los 70, existía algún supermercado, pocos pero alguno había, yo no dije lo contrario. Pero el modelo y hábitos de consumo era la tienda de barrio, las tiendas especializadas y los ultramarinos y kioscos que era donde la gente llevaba sus envases. Reitero lo dicho anteriormente, mis recuerdos no tienen nada que ver con su “insufrible” experiencia.
        De nuevo le agradezco el esfuerzo de publicar un blog. En serio se lo digo. Yo también dedico ratos al mío y sé el esfuerzo que puede suponer. Por cierto le invito a visitarlo para ver lo mucho que discrepamos (www.sersostenible.es).
        Saludos.

      • Me temo que sigo sin explicarme bien. Yo no me opongo a la reutilización, pero sí a que se considere por defecto la opción más favorable sin un análisis de ciclo de vida riguroso, que para eso está la Ciencia, incluso en Barcelona, en la UPF, hay una cátedra UNESCO dedicada.
        De hecho le invito a que repase una entrada anterior que llamé “la estéril discusión sobre el envase reutilizable” en este mismo blog. Tampoco me opondría, creo yo, a un SDDR no discriminatorio, y también le invito a que me ponga un sólo ejemplo de algún SDDR con esa premisa que estaría encantado de analizar. Y sí, también leo el suyo como no faltaba más.

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