Hoy, por primera vez, he comprado muchas bolsas de plástico

Hace años que muchas organizaciones y particulares escriben o se manifiestan activamente en contra de las bolsas de plástico, confundiendo el mal uso que se hace de algunos recursos con su supuesta peligrosidad para el medio ambiente. A esa tendencia a culpar de todos los males al plástico, yo la llamo plasticofobia. Una advertencia: mi campo de especialización son los metales, por lo que no se le ocurra acusarme de arrimar el ascua a mi sardina.

La cuestión es que cualquier material de cualquier tipo que se utiice en gran cantidad corre el riesgo de abandonarse indiscriminadamente, y precisamente el plástico es un material (en realidad una larguísima familia de materiales) que, debido a sus multiples aplicaciones tienen esa característica: son prácticos. cómodos, tienen innumerables aplicaciones y además son baratos.

Hace algunos años, con el desarrollo del comercio moderno la gente desarrolló nuevos hábitos de compra; se acostumbró a ir a la compra sin bolsa (o capacho, como se decía antes); se compraba de paso que se hacía otra actividad, al volver a casa del trabajo, en tiendas grandes, pequeñas o medianas, en tiendas de conveniencia o en cualquier otro establecimiento. Eso hizo que los comercios ofrecieran a sus clientes bolsas de plástico  para llevar su compra. Esas bolsas son ligeras, baratas y resistentes, y la mayor parte de los clientes las utilizaba después para otros usos. Desde llevar la comida al trabajo, a usarla como envoltorio para cualquier aplicación. Las personas mayores que viven solas y consumen poco se fueron acostumbrando a utilizarlas como bolsas de basura, evitando así comprar bolsas de gran tamaño que podían tardar varios días en llenarse con las consiguientes molestias, y además que pesan bastante una vez llenas para una persona de avanzada edad. Bajar una pequeña bolsa con algunos restos se convirtió así en un hábito higiénico para muchas personas. Algunas personas las aprovechaban para recoger los restos que sus perros dejaban en la calle al salir a pasear.

Con la llegada de la recogida selectiva, especialmente el contenedor amarillo para envases ligeros, las bolsas de supermercado tenían un tamaño bastante adecuado para guardar los envases vacíos que se llevan a dicho contenedor. Se pusieron de moda unos prácticos contenedores semicirculares que había en todas las cocinas, donde se metían por arriba las bolsas usadas al vaciar la compra y se iban sacando por una ranura según se iban necesitando para un nuevo uso. Esa operación se llama reutilización, algo que encanta a los verdes.

De los miles de objetos que se vierten indiscriminadamente, y de los que, como todo el mundo sabe la mayor proporción consiste en colillas apagadas y pegotes de chicle, seguido bastante de cerca sobre todo en las ciudades por octavillas publicitarias y bolsas voladoras de aperitivos o chucherías, las organizaciones ambientales han decidido que hay dos tipos que son especialmente dañinos: los envases de élite (latas y -como no- plástico PET) de algunas bebidas, de las que he hablado mucho en este blog en relación con la campaña de marketing sobre SDDR que una hipotética ONG viene desarrollando hace algunos años, y las bolsas de plástico, el tema de hoy.

La campaña en contra de las bolsas de plástico ha sido verdaderamente feroz. Hay quien pide una Europa libre de bolsas de plástico (lo que no es de extrañar, también hay quien pide una Europa libre de transgénicos, en contra del menor sentido común y del desarrollo científico) se convocan días sin bolsas de plástico, incluso hay quien presume de vivir sin plástico – por cierto, posicionamiento que se deja atrás al cruzar la puerta de entrada de un hospital, que con la salud no se juega- como si la humilde bolsa de camiseta que nos dan (nos daban) en los supermercados tuviese la culpa de todos los males del planeta. El comercio reaccionó con bastante buen criterio, y se acordó cobrar una pequeña cantidad, unos 5 céntimos de euro, por cada bolsa, con lo que se ha reducido espectacularmente el consumo, del orden del 80% en España, se ha frenado el consumo innecesario y ahora todos salimos de casa o llevamos en nuestro coche un montón de bolsas de plástico mucho más grandes y pesadas, eso sí reutilizables (como las otras, vamos, pero más veces) y que no llevamos si vamos andando con lo que acabamos comprando nuevas bolsas reutilizables, bolsas de un solo uso, pero ahora más pesadas, con lo que consumimos más plástico etc: ahora si que vamos cargados de plástico a todas partes.

Pero esa reducción no es suficiente para los más militantes: hay que prohibirlas definitivamente, según ellos. La cruzada contra la bolsa de plástico sigue, a pesar de que en todos los establecimientos se utiliza un montón  de ellas para montones de productos que no nos pueden dar en la mano, sea piezas de fruta, cereales, frutos secos, carne, pescado, etc. Pero no hay problema. contra esas otras bolsas no va la batalla. Sólo se combaten las tradicionales bolsas que nos hacen la vida más fácil.

¿ Y qué le ha pasado a los pobres ancianos que antes se apañaban con las bolsas de supermercado ? Pues que ahora tienen que comprar bolsas de basura. La venta de bolsas de basura ha aumentado un 10% aproximadamente desde que se ataca sin piedad a las bolsas de supermercado. También ha aumentado la venta de bolsas para detritus de perros, y otros varios usos, con lo que nos queda la duda de si habrá sido la propia industria la que ha impulsado la prohibición, pero no nos parece razonable.

Así que, aprovechando que en vacaciones hay algo más de consumo de bebidas y hago más viajes que el resto del año al contenedor amarillo, se me planteó la duda de qué hacer. Si en el supermercado no me dan bolsas o las tengo que pagar a cinco céntimos ¿Utilizo gruesas bolsas reutilizables que tendré que lavar, ya que los envases vacíos pueden soltar algo de líquido que atrae pequeños seres voladores (o caminantes) adicionales a los que pululan en tiempo de calor? Ya tengo un prensalatas para reducir el tamaño de las latas de bebidas, pliego los cartones de bebidas, y a difrencia de las botellas de agua más finas, difícilmente puedo aplastar los gruesos envases de PET para bebidas con gas. ¿qué hago para que esto no se convierta en mi principal preocupación veraniega?

Pues la solución era más sencilla de lo que yo imaginaba. Me he acercado a un bazar de esos que llaman “chinos” y he preguntado si vendían bolsas de plástico. He comprado dos paquetes, de dos tamaños distintos, de 250 bolsas cada uno, a bastante menos de un céntimo la unidad, y ya tengo el veraneo resuelto. Supongo que el próximo verano tendré que buscar otra solución, porque en cuanto se enteren los verdes seguro que consiguen, también, prohibirlas.

4 pensamientos en “Hoy, por primera vez, he comprado muchas bolsas de plástico

  1. Tu articulo es un modelo , casi matematico, de lo que se llama sentimiento ecolologico selectivo y que ya Calderon definió com aquello de que todo depende del color del cristal con que se mira.
    Sentimiento Ecologico Selectivo y también Discriminatorio, mi bolsa de plastico es buena porque lleva cosas que a mi me conviene transportar y la tuya es mala porque yo lo digo.
    Me voy corriendo a los Chinos a comprar bolsas de plastico antes de que se prohiban¡¡¡¡

  2. Estimado Miguel,

    Como usuario reutilizador de aquellas bolsas de plástico que daban gratuitamente quizá recordará que eran tan malas que sólo se podía reutilizar una de 5 o 6, la mayoría llegaban a casa rotas, algunas no eran capaces ni de soportar el peso del contenido y se rompían por el camino. Quizá el gesto bonito del sector hubiera sido seguir regalando bolsas pero como las que venden ahora, reutilizables de verdad.

    Lo que más me gusta del artículo es la simplificación de las implicaciones legales de la consideración de envase de las bolsas de plástico y la responsabilidad que, en su caso tendrían que asumir los agentes económicos implicados. Y que olvida usted que aquella campaña la lideraron, sobre todo, los grandes centros comerciales.

    Y sí, arrima usted el ascua a la sardina de los envases de usar y tirar, cosa que nadie le puede recriminar mientras siga viviendo de ello.

    • Gracias, Alberto.
      Lo de el ascua a mi sardina era en relación a defender al plástico siendo metalúrgico, por lo que veo que aún tengo que escribir más clarito en el futuro.
      En cuanto a la reutilización, si una bolsa de supermercado se reutiliza como bolsa de basura, sólo se puede hacer una vez, por lo que el que sirviera cinco o seis veces era innecesario.
      Lo que pretendía decir es que los excesos (como en su momento fueron las bolsas de plástico) también se pueden corregir mediante acuerdos voluntarios, frente a los que abogan siempre por la prohibición y / o la obligación.

      • Perdón, tampoco es cierto que sólo una de cada cinco o seis bolsas se pudiera reutilizar. Es interesante revisar cuánto peso se podía meter, varios kg para muy pocos gramos de embalaje. Salvo uso inadecuado las bolsas llegaban en buenas condiciones al hogar.

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