Cadaqués: los experimentos con gaseosa pueden salir caros

English version: Cadaques: experiments with soda can be expensive

En cualquier momento se presentarán a bombo y platillo los resultados de un experimento, que sus promotores llaman “proyecto piloto”, de un sistema de depósito, devolución y retorno de envases (SDDR). Ya hablé en este mismo blog de un anterior “proyecto piloto”  bastante parecido cuyo enlace incluyo al final.

El actual ha ocurrido en el emblemático pueblo de Cadaqués. Entre el quince de abril y el diez de julio de 2013, 86 días en total, se recogieron algo más de 89.000 envases.

El resultado se avanzó como éxito total nada más comenzar. Un artículo de un medio nacional (20 de septiembre) ya rebaja las expectativas de éxito al atribuir una recuperación de sólo “el 76% de los envases” (según afirmaciones de sus organizadores sobre datos provisionales).

Yo voy a tratar de convencer al lector, en primer lugar, de que no ha sido una “prueba piloto”, que ha sido un estrepitoso fracaso, que no ha mejorado el reciclado de envases, y que su coste ha sido estratosférico. Esta acción sólo es otra campaña más de márketing para conseguir introducir el controvertido sistema de depósito, devolución y retorno para sólo algunos envases de bebidas.

Hay que reconocer que como campaña de promoción turística si ha tenido éxito: todos los medios de comunicación hablaron este verano de Cadaqués.

Para analizar con detalle esta historia -lo siento por el lector- no hay más remedio que hablar mucho de números.

Veamos si este experimento se parece al sistema SDDR que se viene promoviendo desde hace casi tres años. La prueba se hizo con dos envases: latas de bebidas y botellas de PET (sin contar los tamaños más grandes) que son menos del 5% de los envases que se consumen. Se ignoraron -como en todas sus acciones anteriores de demostración de las maquinas de recogida- dos envases de la propuesta inicial del sistema (vidrio y cartones de bebidas) que también se han caído de su logo (el logo ha pasado de 4 tipos de envases a sólo dos). Y se ha cobrado un depósito de cinco céntimos por envase, cuando en su propuesta se manejaría un depósito de al menos veinte céntimos.

A ver qué nos dicen los datos del experimento y de la localidad, y si podemos contestar algunas preguntas.

¿Qué proporción de los envases consumidos en la ciudad se ha comprado pagando un depósito?

Los envases devueltos en el experimento ¿habían pagado antes depósito, o han cobrado la devolución sin haberlo pagado antes?

¿Qué proporción suponen Los envases recuperados de los envases consumidos en la ciudad? ¿ha mejorado, y cuánto, el reciclado de envases?

¿Cuánto ha costado recoger cada envase?

Tratamos en primer lugar de adivinar cuántos envases se han podido comprar pagando un depósito de 5 céntimos de euro. La respuesta no es sencilla. Han participado en el experimento ocho tiendas y dos supermercados. Pero hay 94 restaurantes, y añadiendo bares, quioscos y tiendas no participantes en el pueblo y alrededores se pueden comprar, sin depósito, para el consumo in situ o para llevar, latas de bebidas y envases de PET en unos 150 puntos de venta. También muchos vecinos de Cadaqués, hacen la compra semanal en hipermercados de ciudades próximas como Figueres o Roses, donde es más barato y no se paga depósito por los envases.

Cada español consume aproximadamente un envase al día, entre latas de bebidas y envases de PET de agua, refrescos y cervezas. La prueba ha durado 86 días, contando los días de gracia para terminar de devolver los envases, luego los habitantes y visitantes de este bonito lugar habrán consumido en este tiempo 86 envases cada uno.

Cadaqués, especialmente en verano, es un lugar turístico por excelencia. Hay unas 2.000 plazas de alojamiento entre hoteles y campings próximos. También es un lugar de peregrinación para visitantes diurnos, procedentes de distintos lugares de la Costa Brava. No hay más que ver el trasiego de automóviles y autobuses que tiene el lugar, que ha obligado al ayuntamiento, con buen criterio, a restringir la circulación y habilitar aparcamientos especiales para ello. No creo que me equivoque mucho si añado mil consumidores transeúntes no censados a los tres mil habitantes permanentes. Estos visitantes que no residen ni están alojados temporalmente en el pueblo, consumen en bares, restaurantes y quioscos productos de hostelería, en buena parte bebidas.

Es decir, los casi 90.000 envases recuperados equivalen aproximadamente a la cuarta parte de los envases consumidos en la ciudad (de los tipos incluídos en la prueba). Como éstos son más o menos el 5% del consumo de envases, podemos decir sin temor a equivocarnos mucho que el exitoso “proyecto piloto” se ha realizado sobre una muestra “representativa” de poco más del 1% de los envases consumidos en la ciudad.

Para cobrar cinco céntimos por envase entregado, se podía comprar la bebida en otro lugar, por ejemplo en un quiosco de helados, y devolver el envase vacío en uno de los supermercados o tiendas participantes de Cadaqués y cobrar los cinco céntimos. La condición era que ese mismo formato y bebida se vendiera en una tienda participante.

Me dirán: ¿cómo lo sabe? pues hice la prueba en persona: fuí a Cadaqués, (también fueron algunos amigos), a ver cómo funcionaba la cosa, y devolví envases que no habían pagado antes depósito. Algunos de mis amigos también lo hicieron.

Durante mi visita me indicaron que básicamente los que devolvían envases era gente joven que buscaba por todas partes envases vacíos para conseguir algo de dinero ¿Se acuerdan de Almonacid del Marquesado, y pueblos próximos, que el año pasado se quedaron vacíos de envases en un experimento parecido donde también se pagaban cinco céntimos?

En los supermercados, el ticket de devolución no indicaba qué envase ni tipo de bebida era: el código era el mismo para una lata comprada con depósito –que además llevaba una pegatina suplementaria- que para una botella encontrada en la calle, por la que no se había  pagado el extra de cinco céntimos y que, por supuesto, no llevaba la pegatina.

Dentro de la tienda, de todos los envases que pagaban depósito, unos llevaban pegatina y otros no. Supongo que con los envases con pegatina retornados, los promotores podían estimar más o menos cuál es la proporción de envases devueltos de entre los comprados con depósito. En realidad, como se podrían haber devuelto más envases que los que pagaron depósito, la misión de la famosa pegatina probablemente sería evitar dar unos resultados de más del 100% de devolución, que quedarían bastante deslucidos.

En algunas de las tiendas participantes donde la devolución era manual, sin pasar por una máquina, no quedaba constancia ni ticket de la operación; se pagaban cinco céntimos por envase devuelto, que el comerciante guardaba en una bolsa para recuperarlos, más tres céntimos de premio. Un amigo que intentó preguntar sobre este punto no tuvo mucha suerte. Vi en un reportaje de televisión que alguna tienda guardaba los envases recuperados en un almacenillo anejo porque le estorbaban bastante dentro del local.

Es decir, esto no tiene representatividad ni del consumo, ni de la recuperación ni, por supuesto, de la vocación medioambiental de los habitantes de esta preciosa ciudad, de la que no tenemos por qué dudar en absoluto. Como en otras ocasiones, la prueba llevada a cabo no se puede de ninguna manera considerar un “proyecto piloto”.

Los envases recuperados nos dicen cosas interesantes. 89.000 envases, entre latas de bebidas y envases de PET son como dos toneladas y media de materiales.

El 2 de julio, dos días despúes de terminar la “parte oficial” de este proyecto, el director de la Agencia de Residuos de Cataluña presentaba unos resultados de reciclado de envases ligeros en Cataluña del 82,7% ¡doce puntos por encima de la media española! Los envases incluídos en el experimento de Cadaqués pertenecen a este grupo de “envases domésticos ligeros” y no tenemos motivos para suponer que los habitantes de Cadaqués tengan menos conciencia cívica que el resto de los catalanes, por lo que hemos de suponer que la cantidad de envases añadidos a los que ya se reciclan normalmente es irrelevante.

Démosle un margen del 10% y supongamos que el experimento ha añadido 250 kilos de envases a lo que normalmente se habría recuperado sin hacer la “prueba piloto”. El ayuntamiento de la ciudad nos dice que con esas cantidades recuperadas en el proyecto se ha quedado el pueblo mucho más limpio. La verdad, yo querría vivir en un pueblo cuya limpieza mejorara notablemente recogiendo en casi tres meses sólo 250 kilos de envases más de lo habitual.

Voy a tratar de estimar cuanto ha podido costar esta historia y cómo se ha pagado.

Se han instalado dos máquinas de recogida o de “venta inversa”. Se ha montado un centro de recuento en las proximidades del pueblo, costosa instalación que cuenta los envases, aunque en este caso no está en condiciones de saber si los envases devueltos han pagado antes depósito (como ocurre con las máquinas  de recogida). En un sistema real, un pueblo de este tamaño no tendría un centro de recuento, lo que multiplicaría el coste de transporte de los envases vacíos, sin aplastar, a un centro real que podría encontrarse a bastantes kilómetros de distancia.

El marcado de los envases con la famosa pegatina sólo se puede hacer en el propio punto de venta, ya que el distribuidor no sabe a priori dónde va a entregar los envases que salen de su almacén. Marcar uno a uno algunos miles de envases requiere un esfuerzo considerable en personal.

Ha habido que establecer un servicio de transporte al centro de recuento, lo que requiere bastantes viajes. Los envases recogidos manualmente sólo se pueden compactar una vez que pasan por el centro de recuento; hay que llevarlos tal cual (transportar aire, vamos). Las máquinas sí compactan los envases, pero tienen que ser vaciadas con cierta frecuencia. Por ejemplo, en mi visita no pude devolver los envases en una de ellas, porque estaba llena y había que esperar a que vinieran a vaciarla, con lo que tuve que cambiar de supermercado para obtener mi ticket de 5 céntimos por envase. En un sistema real ese supermercado no tendría un servicio de recogida cada dos o tres horas, y tendría que habilitar un almacén para lo que se va acumulando. Si tienen, como yo, un amigo que tenga un supermercado, examinen cómo aprovecha el espacio y saquen conclusiones.

Aparte de todo este pequeño caos logístico, se hizo un notable esfuerzo de comunicación (folletos, pegatinas, dossieres, banderolas) – que los promotores del sistema dominan a la perfección- complementado con ruedas de prensa, visitas de organizaciones ecologistas, periodistas, parlamentarios, concejales, etc. Una gran inversión en billetes, alojamientos y comidas, aunque, todo hay que decirlo, un ahorro importante, acostumbrados a llevar a los mismos visitantes a Alemania a ver las mismas máquinas de recogida con cierta regularidad.

Casi la parte menor debió ser el dinero pagado a los consumidores de unos 4.500 euros (aunque no lo hubieran pagado antes) y el premio a los comercios de 3 céntimos (unos 2.700 euros). También se ha pagado una parte del canon de residuos de los comercios como incentivo.

No es fácil valorar todos estos costes, pero voy a aplicar el criterio que he usado en otras ocasiones para estimar el presupuesto de la promoción del sistema, y que nadie me ha discutido: voy a suponer que hubiera organizado yo el experimento y estimar cuánto me habría costado con todas las partidas que hemos descrito antes.

Pues estimo que el experimento ha costado 250.000 euros, más o menos a cien euros el kilo de envases recogidos.

Si el experimento estuvo respaldado y controlado, como se anunció, por un organismo público, la Agencia de Residuos de Cataluña, aunque no recuerdo que se confirmara, en el informe final del proyecto, si es que se hace, los promotores darán cumplida cuenta a las autoridades, y por tanto a la ciudadanía, de la cantidad invertida. En ese momento podré ver si he estimado bien, me he quedado corto o me he pasado.

Es decir, me gustaría confirmar que, si se han recuperado algo más de 89.000 envases, recoger cada envase habrá costado casi tres euros. Eso supone, en el caso que mejor conozco, 1500 veces lo que cuesta reciclar más del 86% de las latas de bebidas con el sistema de punto verde actual.

Hasta hace poco me faltaba confirmar quién ha pagado los tres euros por envase, aunque creo que todos los lectores ya se lo habrán imaginado. El pasado día 10 de julio en un debate en la British Library de Londres, en una reunión de la organización UK Deposit Alliance que pretende replicar la ofensiva española de SDDR en el Reino Unido, los promotores del experimento de Cadaqués confirmaron que estaba patrocinado por las empresas que pretenden vender en España las aproximadamente 30.000 máquinas que harían funcionar el sistema.

La ventaja de tener uno su blog es que puede editar una entrada posteriormente, por lo que, por lo que hace referencia al punto anterior he añadido la información que suministra el informe publicado por los organizadores, Retorna,  en Septiembre de 2013: la prueba fue financiada por Tomra, principal fabricante mundial de máquinas de recogida de envases y sus filiales de logística Rhenus Logistics y de servicio técnico en España Internaco, con colaboración técnica del  Gremi de Recuperadors de Catalunya, una de las entidades que constituyeron Retorna, momento en el que ostentaba su vicepresidencia.

Me faltaría justificar el título de esta entrada; aprovechando que el experimento se hizo en una región famosa por sus cavas, recordamos aquello de que “los experimentos, con gaseosa”. Como buena parte de los envases recuperados habrán sido de gaseosa, no creemos que nadie recuerde un experimento tan costoso con este tan modesto producto.

Como indiqué al principio aquí está mi análisis del experimento anterior en Almonacid del Marquesado Proyectos piloto, la huella de carbono y el peligro de extrapolar (ni Depósito, ni Devolución, ni Retorno)

7 pensamientos en “Cadaqués: los experimentos con gaseosa pueden salir caros

  1. Pingback: Cadaques: experiments with soda can be expensive | Ecothinktank

      • Muchas gracias por responder, sí, me refería a Usurbil, que lo he conocido un poco a través de una persona de allí en principio muy partidaria, casi ilusionada con este tipo de cosas, y muy dispuesta a colaborar y demás, hace mucho que no sé de ella y no sé qué pensará ahora, a mi me parecía extraño pero le perdí la pista y he visto que es usted un experto en estos asuntos , he revisado creo que muchas de sus entradas y voy viendo su opinión, que me ha parecido muy bien, pero no había leído nada sobre este tema concreto. También pensaba que se estaba haciendo lo mismo en otros pueblos de la zona. Un saludo.

  2. Buenas, me gusta mucho su blog, le acabo de conocer gracias a su próxima intervención en excépticos en el pub, como veo que trata muy bien el tema del recoclado me gustaría saber su opinión de cómo van las cosas con las experiencias en cuanto al reciclado y demás que se están llevando a cabo en pueblos de Guipúzcoa. Un saludo.

    • Gracias por su comentario.
      Aquí tiene un par de entradas sobre ese tema. Mi principal objeción es que el sistema puerta a puerta implica una servidumbre del ciudadano, que pasa de depositar sus residuos en el contenedor cuando le viene bien, en principio a cualquier hora del día o de la noche, a depositarlos cuando le viene bien al ayuntamiento, en días y horas determinados, cada día una cosa,etc. En función del tipo de vivienda, tamaño del municipio , etc, eso puede ser más o menos pasable o un grave inconveniente para el modo de vida actual.
      En cuanto al espectáculo de bolsas colgadas en perchas en la calle, francamente me parece una tomadura de pelo al vecindario.
      Eso no quiere decir que en según que ocasiones se mejore la calidad de lo recogido. La cuestión es si merece la pena estar todo el día pendiente de qué fracción toca hoy.

      https://ecothinktankma.wordpress.com/2012/03/03/una-interesante-
      controversia-ambiental-la-recogida-de-residuos-puerta-a-puerta/
      https://ecothinktankma.wordpress.com/2012/05/19/algo-mas-sobre-la-recogida-puerta-a-puerta/

      • También es interesante seguir las experiencias de Cataluña, donde incluso hay una especie de asociación de municipios que lo tiene implantado. La cuestión de fondo en España es que la fracción orgánica, que representa alrededor del 42% de los residuos municipales, todavía se recicla muy poco. Esos resultados no permiten, con las cifras de hoy día, cumplir el objetivo de reciclado del 50% de los residuos municipales para 2020. Cuando se dice que no reciclamos lo suficiente, de hecho no reciclamos suficiente materia orgánica, porque, por ejemplo, en residuos de envases estamos al nivel de los países más avanzados en Europa.

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