El anumerismo ecologista

La casualidad ha querido que cuando estaba preparando esta entrada diera John Allen Paulos una conferencia en Madrid sobre anumerismo, en sus propias palabras “una especie de analfabetismo de las cifras que deja a merced de los charlatanes y los poderosos a quienes no saben interpretar los datos”.

Hace casi dos años se publicaba un artículo muy interesante de Bernardo Marín en El País  titulado  “el anumerismo también es incultura” que llamaba la atención sobre la dificultad que la mayor parte de la sociedad tiene para entender los números más sencillos que dan cuenta del orden de magnitud de las cosas. Según el autor, “saber pocas matemáticas nos convierte en ciudadanos más manipulables” y añadía la razón de esta deficiencia en que  “el desconocimiento de los números carece del reproche social que provocan otras ignorancias”

El libro clásico de Paulos, el conferenciante de ayer tarde en Madrid, titulado “El hombre anumérico” es una de las referencias clave sobre este problema.

Ese anumerismo llega a todos los rincones, y se hace patente a diario en las noticias de prensa. Tal vez por la prisa de escribir, o porque no merece la pena contrastar las noticias como antes, cada vez hay más disparates cuando se habla de números.

Algo menos ocurre con las noticias económicas, simplemente por lo reiterativas en los últimos tiempos (casi todo el mundo se maneja ya con miles de millones de euros, por la famosa crisis económica, aunque casi nadie se puede ni imaginar cantidades tan grandes) pero pocos distinguen entre un kilogramo y una tonelada. Aquí los millones, los miles, o los miles de millones, le dicen poco al ciudadano normal.

En esa especie de confusión general es donde se mueven también las cuestiones ambientales. Basta que un periodista ambiental ponga un número con signo de exclamación, para que a continuación se nos escape un ¡qué barbaridad! Y nos quedamos tan anchos.

Pero quien está detrás de transmitir esos números a la sociedad, debe ser especialmente cuidadoso al dar cifras, precisamente por esa dificultad inherente al ser humano de comprender esas mismas cifras. Salvo en el caso de que precisamente el intento de confundir sea el que mueva esa confusión.

Esto viene a cuento de la información que acaba de salir sobre la valoración de la campaña Desembasura, de la que nos ocupábamos en un post anterior en este mismo sitio titulado “buscando basura desesperadamente”. En esa noticia se hablaba de recogidas en varios puntos del país procedentes del vertido incontrolado de residuos, y entre ellos envases usados.

Según lo que se publicó en su día, se hicieron cuatro experiencias de las que se dieron datos de cantidades recogidas y porcentaje de envases, que arrojaron en una de ellas 300 kg (20% de envases) otra de 200 kg (50% de envases) otra en un botellón (no se sabe el peso de envases porque aquí les vino mejor medir el volumen) y otra en un bosque donde encontraron 2 toneladas de material de construcción, ningún envase) El resumen de su nota de prensa: 62% de lo recogido eran envases.

Por cierto, dada la variedad de la muestra, el método empleado (en cada prueba uno distinto) y sobre todo el tamaño de la muestra en comparación con el volumen del problema (es decir unas tres toneladas en un panorama de algunas decenas de millones), unos datos algo mejor calculados que hubieran arrojado un porcentaje ponderado del 10% en lugar del 62% habrían sido igualmente irrelevantes. Este anumerismo de la irrelevancia es uno de los mayores problemas con los que se encuentran los científicos al enfrentarse a los movimientos ambientales que apelan a las emociones.

En otra entrada, donde también hemos manejado números, se explica como los cuarenta países en que hay sistema de retorno de envases eran en realidad siete y medio. La clave: se mezclan países con regiones, y se cuentan algunos países – eso sí, muy lejanos por si acaso -en los que el depósito sólo afecta al envase reutilizable. Al ver esto hemos llegado a la conclusión de que su noticia debería haber sido: El sistema de depósito, implantado en todo el mundo. (Los envases reutilizables están sometidos a depósito en todos los lugares donde se utilizan, y se utilizan en todo el mundo)

Lo dicho: el anumerismo deja a merced de los charlatanes a quienes no saben interpretar los datos.

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