De la deriva al despropósito (también con el medio ambiente).

No pensaba hacer un comentario político, pero al repasar la situación me he dado cuenta de que las primeras cinco palabras del título podían insinuarlo. Así que voy a comentar un tema nuevo que por casualidad he tenido oportunidad de tratar algo más a fondo. El caso es que hace unos quince días un periodista vasco comentaba con humor que el festival de San Sebastián, que con tanto éxito acaba de terminar, se iba perder a George Clooney porque las autoridades locales pensaban prohibir las famosas cápsulas de café que el actor anunciaba, porque no sabían como reciclarlas y antes que estudiar el tema era mejor prohibirlas directamente.

La casualidad hizo que, no sólo dos días después asistiese a una presentación sobre este mismo tema en una jornada sino que también pudiese comentarlo con una persona vinculada directamente al proyecto de reciclado de este producto.

Y ¡oh casualidad! una vez más la ideología se trata de interponer en el camino de la razón para denostar a los envases.

El enorme éxito de las cápsulas de café se debe a la posibilidad de disponer de una variedad de productos – en este caso variedades de café –  en perfectas condiciones para su consumo y, gracias al envase metálico  (por cierto, de un gramo de peso nada más) que lo conserva, evitar su desperdicio.

Para los que no toman o toman poco café (que no es mi caso, de hecho me considero casi casi adicto) lo más normal es que se abra un paquete y que cuando se vaya a utilizar, si no se consume rápido, se haya oxidado y sepa a cualquier cosa menos café. Los inventores de las cápsula han dado con una solución para que eso no ocurra, y de pasada, para que no se tire el producto. Hablando de gramos, cada cápsula tiene más o menos un gramo de metal y cuatro de café.

Al abordar su reciclado se planteó una cuestión curiosa, y es que al haber mucho más peso de producto que de envase, donde permanecía una vez cumplida su función,  la cápsula no se podía considerar técnicamente un envase. Los fabricantes entendieron rápidamente que tenían que solucionar el problema, y establecieron un sistema de recogida de cápsulas usadas que permite el aprovechamiento tanto del metal como de los posos de café. Una vez recogidas las cápsulas se secan (lo que se puede hacer al aire/sol sin consumo de energía), se cortan, tamiza el café usado y se recupera el metal.

Esta tecnología, todavía en fase de desarrollo, puede dar la clave par el reciclado de otros productos de pequeño espesor, como por ejemplo el reciclado de envolturas de quesitos – esta vez sólo 300 miligramos de metal en cada unidad- lo que muestra que todavía tenemos que aprender muchas cosas en cuanto al reciclado, mientras algunos siguen creyendo que las mejores alternativas al desarrollo tecnológico son la imposición o la prohibición.

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