Proyectos piloto, la huella de carbono y el peligro de extrapolar (ni Depósito, ni Devolución, ni Retorno)

Hace algún tiempo se publicó el resumen de un estudio sobre huella de carbono de un “proyecto piloto” de un sistema de recogida de envases de bebidas vacíos.

¿Y eso que tiene de nuevo? me diréis. Todos los días se publican estudios sobre huella de carbono. De acuerdo, pero es un estudio muy especial.

El estudio se refiere a una experiencia de recogida de envases usados en un pueblo de Cuenca, Almonacid del Marquesado, uno de los nombres más bonitos – y ya es difícil- de los muchos pueblos de Castilla- La Mancha.

Así que animados por el título hemos hecho una lectura rápida del estudio, así como de la interpretación que la organización que encargó el estudio ha hecho del mismo.

La experiencia consistió en animar a los vecinos a traer latas de bebidas y botellas de plástico de agua o de refrescos a alguno de los comercios que participaban en el experimento y recompensarles con cinco céntimos la unidad, más dos céntimos al comercio por la gestión, las molestias, etc.

De las informaciones que leímos en la prensa en su momento se deduce que muchos vecinos participaron, incluso que recogieron tantos envases que los comercios no daban abasto a organizarlos; también se dijo que el pueblo -y algunos pueblos vecinos- se habían quedado limpios como una patena de los tipos de envases mencionados.

Cuál será nuestra sorpresa cuando seguimos leyendo que éste era un “proyecto piloto de un sistema de depósito, devolución y retorno de envases de bebidas”, lo que llamamos un SDDR.

En un SDDR se paga una cantidad adicional al comprar un producto envasado, se devuelve el envase vacío y se recupera esa cantidad que se ha dejado en depósito. Muy sencillo.

En primer lugar, intentamos ver qué se entendía por bebidas, y consultamos documentación de consultoras especializadas en el tema. Las bebidas más importantes en cuanto a consumo son el agua, la leche, el vino, los licores, los refrescos, las cervezas y los zumos. La primera sorpresa es que este proyecto ignoraba a algunas de las bebidas más importantes como leche, vino o licores. Por tanto dedujimos que ésta no era una experiencia con envases de bebidas, sino con una muestra, eso sí importante,  de las bebidas del mercado.

Después buscamos qué se entendía por envases, y acudimos de nuevo a las informaciones de los consultores del sector del envases. Allí pudimos ver que después de los envases de PET, que son los más numerosos en España, los siguientes son los cartones de bebidas (llamados familiarmente briks) y luego las latas de bebidas.

Si en lugar del número nos fijamos en el peso, los envases de bebidas de más peso son las botellas de cava, después las de licor, luego las de vino, las de cerveza y las de refresco.

Consultado de nuevo el proyecto, vemos que en esta experiencia no se incluían cartones de bebidas ni ningún envase de vidrio, es decir ni una gran parte de los envases en general, ni los envases de más peso. Nueva sorpresa, teniendo en cuenta que el objeto del proyecto era reciclar cuanto más material, mejor.

Una vez que comprendimos que no es un proyecto sobre todas las bebidas más importantes ni sobre los envases más importantes en número o peso, volvimos a leer el informe suponiendo que en realidad lo que se buscaba era probar cómo funcionaba el sistema de depósito, devolución y retorno sobre una muestra de bebidas y una muestra de envases. Volvemos a leer el informe, entonces tratando de ver en detalle cómo se hacía el depósito, cómo se hacía la devolución y como se retornaban los envases de bebidas.

Para hacerlo corto diré que aún seguimos buscándolo. En esta experiencia no se pagaba una cantidad adicional por ningún envase en los comercios participantes, no se devolvía ningún envase que se hubiera comprado en esas condiciones y por tanto no se devolvía el importe depositado.

En pocas palabras, ni Depósito, ni Devolución, ni Retorno.

En esta experiencia se pagaban cinco céntimos por los envases vacíos y dos céntimos más a los comercios que los recibían. No es de extrañar que se recogieran todos los envases de éste y varios pueblos a la redonda. Es decir, se montaba un servicio de recogida que pagaba siete céntimos por cada envase traído. No era un proyecto piloto de ningún sistema, sino probablemente el servicio de limpieza más caro del que tenemos noticia.

Entonces dedujimos que si no era sobre bebidas ni sobre envases ni sobre depósito, devolución ni retorno, tal vez era un estudio muy preciso sobre medida de la huella de carbono ¿Y qué papel tiene aquí la huella de carbono?

A estas alturas seguro que el lector ya se ha olvidado del título, por lo que no voy a describir el estudio, que seguramente se ha hecho lo mejor posible por los profesionales a quienes se les ha encargado medir una serie de cantidades con los datos que se les han suministrado, ni por tanto voy a discutir su metodología, que probablemente sea acertada.

Sólo voy a discutir un pequeño detalle, que desmonta por completo la interpretación que la organización que ha encargado el estudio ha hecho del informe. Este “proyecto piloto” se presentó como una experiencia para la modalidad que en el argot de SDDR se conoce como “recogida manual”.

¿Y qué quiere decir recogida manual? En la recogida mediante máquinas que reciben el envase, éstas devuelven la cantidad pagada por el depósito, generalmente en forma de vale de descuento sobre la próxima compra – o sea que raramente se devuelve dinero. Cada maquina a su vez necesita detrás un espacio de unos 15 metros cuadrados donde se almacenan los envases recogidos y compactados. Como los envases de vidrio no los compacta ¿se imaginan el escándalo en el comercio? y según aprendimos más tarde, en las “pruebas piloto” se suele evitar recoger envases de vidrio.

En cambio, en tiendas pequeñas que no tienen espacio para tener una máquina de estas características ni el espacio adicional comentado, los envases se guardan en bolsas por los responsables del comercio.

Las bolsas llenas de envases, precintadas y etiquetadas, se recogen por un vehículo y se llevan a un centro de recuento (una especie de centro de clasificación) donde se abren, se cuentan los envases, se comprueba que traen lo que dice la etiqueta que traen, y se paga la cantidad correspondiente al comercio que las ha enviado. Esos centros de clasificación, por cierto, pueden estar a cientos de kilómetros de la tienda que los envió (si hacemos caso a informaciones de los promotores del sistema de que en toda Alemania sólo hay ocho centros de recuento, por ejemplo) es decir, de la tienda al centro de recuento se transporta un gran volumen de aire y muy pocos kilos de envases vacíos. Sólo después de este proceso se pueden compactar (aplastar los que se pueden aplastar) para su envío a un reciclador.

Pues en Almonacid del Marquesado no se hizo este proceso: una vez recogidos por el comercio, los envases se metieron en una máquina de recogida convencional, se compactaron y una vez aplastados se enviaron al reciclador que en este caso haría las veces del centro de recuento. La consecuencia es que así se ahorró la fase que más huella de carbono genera, es decir el envío de envases vacíos sin compactar al centro de recuento. por decirlo de otro modo, y como dice el informe final de la consultora que hizo los cálculos, en un solo viaje de furgoneta se pudo enviar de un tirón todo lo que se recogió en la “prueba piloto”

Así que, para terminar, y una vez ahorrada esta etapa, se calculó la huella de carbono del proceso. Es decir, que tampoco se calculó la huella de carbono de un proceso de recogida manual.

Pero la cosa no acabó ahí. De esta experiencia, realizada en un precioso pueblo de la Mancha (de 489 habitantes según el padrón provincial), los organizadores dedujeron cuántas emisiones de carbono se ahorrarían implantando el SDDR en España.

3 pensamientos en “Proyectos piloto, la huella de carbono y el peligro de extrapolar (ni Depósito, ni Devolución, ni Retorno)

  1. Que poco rigor¡¡¡
    Ademas podrán inducir que la industria de la distribución alimentaria acepta el SDDR con efusión porque el 100% de los comercios de Almonacid del Marquesado se unieron a la “mascarada”…claro que eran solo dos, pero que mas da, el caso es hacer feliz al Sponsor de la campaña que con tanto ahinco defiende Retorna

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