Ahora resulta que, en Alemania, los envases no se reciclan

La semana que termina nos ha traído noticias muy interesantes, que debemos agradecer al gobierno de la comunidad autónoma valenciana que ha traído de visita al líder de la más poderosa organización verde alemana para ilustrarnos sobre cómo debemos reciclar algunos de nuestros envases de bebidas. Cada vez que este gurú se pronuncia sobre el tema lo sigo con especial interés, por los motivos ampliamente descritos en el post anterior.

Si han visto mi perfil en este blog habrán comprobado que me defino preocupado por el anumerismo, que es algo así como la incapacidad para entender lo que nos dicen los números. Eso ocurre cuando alguien no entiende la diferencia, por ejemplo,  entre seis mil toneladas y seis mil trillones de toneladas, que, por cierto, es la masa de la tierra.

Pues la primera manifestación de anumerismo la da el citado líder y fundador de la plataforma europea Reloop, que promueve el SDDR, cuando afirma que con  el sistema de retorno se puede recuperar el 99,9% de los envases que incluye, gracias a que el ciudadano haría todo lo que esté en su mano por recuperar diez céntimos.

En Alemania se pagan 25 céntimos, no 10, y no se sabe cuántos envases recupera el sistema, porque es absolutamente opaco: ni da resultados ni cuentas, que por otra parte son públicas y fácilmente obtenibles, por ejemplo, en los sistemas equivalentes de Dinamarca o Noruega.

Si apelamos a la racionalidad y el método científico, algo generalmente ausente en los planteamientos verdes, no hace falta un título para saber que un sistema que depende de la buena voluntad del ciudadano (aunque lleve aparejado recuperar 25ç) y que impide devolver un envase dañado, porque haya perdido la etiqueta o no se lea bien el código de barras, nunca puede alcanzar un grado de devolución el 99,9%.

Lo digo de primera mano porque en una visita a una planta de selección alemana de cuyo nombre no debo acordarme, donde no debería haber latas de bebidas (ya que se recuperarían todas gracias al sistema de depósito) aquéllas -evidentemente procedentes de consumidores que no habían recuperado su dinero- eran los únicos envases metálicos que logré identificar en las balas, y les puedo asegurar que en todas y cada una de las balas había latas de bebidas, de una de las fracciones metálicas, de las que no seguiré hablando por prudencia.

Pero esa no fue la mayor sorpresa. Según la prensa presente en la sesión, el mismo líder afirma -mejor lo copio tal cual:

Por el contrario, con el antiguo sistema del ‘punto verde’, tan solo se recolecta entre el 64 y el 70%, si bien los residuos en perfecto estado se reducen al 43%. El 18% se incinera para energía y la tasa de reciclaje desciende hasta el 25-31% y eso «siendo bastante optimistas»

Esto sólo bastaría para quedarse sin habla. Resulta que llevamos veinte años siguiendo los pasos de Alemania y sólo se recicla el 31% de los envases, menos de la mitad que en España.

Lo que no aclaró el susodicho líder es, si la situación es tan delicada,  por qué el SDDR alemán sólo afecta la 2,7% de los envases que se consumen y no se extiende a todos los envases para paliar esa crítica situación. Estoy ansioso por saber la reacción de la prensa y autoridades alemanas cuando lo sepan.

 

El abandono de residuos, mejor ilustrarlo con photoshop

Hace unos diez años, allá por marzo, oí por primera vez hablar del SDDR en una jornada en Barcelona y, casualmente hoy, el ponente de aquella jornada y líder de una de las más importantes organizaciones verdes alemanas ha presentado el SDDR en Valencia. En aquella ocasión lo que más me sorprendió fue que, para ilustrar las ventajas del SDDR en una jornada internacional, se utilizara un montaje, o lo que es lo mismo un bodegón.

Hace mucho que vengo diciendo que para vender 30.000 máquinas que recogerían una parte de los envases, en concreto latas de bebidas y botellas de PET, muchas organizaciones nos están intentado convencer de que esos dos tipos de envases son el principal problema ambiental que tenemos en nuestro país. También decía en una entrada anterior que si no hubiera envases, para reforzar el mensaje se podían pintar como habían hecho en Alemania hace diez años.

No me ha costado mucho rescatar aquella presentación, y repasar cómo se presentaba la historia. En la primera diapositiva se presentaba un aspecto desolador, cielo gris, con el césped de la céntrica Alexander Platz, en Berlin, lleno de latas de bebidas. Se suponía que eso era diez días antes de introducir el SDDR. Debajo está la imagen famosa.

Alexanderplatz1

En la diapositiva siguiente se mostraba un césped impoluto, y de paso un cielo mucho más azul, supuestamente diez días después de implantar el SDDR. Ni latas, ni nada.

No más emoción, amigo lector: como habrá adivinado se trataba de la misma foto trucada con photoshop. Se había maquillado la escena, aclarado el color del cielo y quitado unos andamios, pero no se borraron los coches aparcados ni el autobús que pasaba por detrás. Aquí la tiene:Alexanderplatz2

Así es como nos intentan vender una vez tras otra las ventajas ambientales del famoso SDDR, Seguro que veremos manifestaciones artísticas mucho más creativas todavía.

Los instrumentadores de basura erran el tiro (una vez más)

Hace pocos días se ha realizado en Portinax (Ibiza) una importante actividad pilotada por su Asociación de Vecinos y Fiestas, para volver a denunciar el comportamiento incívico de los que abandonan todo tipo de objetos y residuos en parajes naturales, bosques, playas, etc. Este es un problema muy grave, del que la Sociedad ha tomado conciencia hace mucho tiempo, y las jornadas de recogida, que se van realizando cada vez en más lugares del mundo civilizado, de lo que es un excelente ejemplo la Jornada Europea de Limpieza de espacios públicos “Let’s clean up Europe!” tienen un importantísimo papel para despertar la conciencia ambiental de la población. En el caso concreto de Portinax, hace unos tres años se realizó otra acción parecida de recogida que tuvo también mucha repercusión. Refiriéndonos a esta última recogida, esto es lo que decía el presidente de la actual Comisión de Fiestas de la localidad, Vicente Torres tras depositar algunos de los residuos en los contenedores habilitados:  “Hemos retirado neumáticos, cables de todo tipo, colchones, un somier e incluso tres motos; además de esos desechos, también localizaron envases, sobre todo de cristal; sillas, carritos de bebé e incluso varios cabeceros de madera” 

Más o menos en las mismas fechas, en la ría de Vigo, un artículo de Antón Lois en relación con el paraje incomparable de las Islas Cíes llama la atención sobre el abandono indiscriminado de residuos, en este caso volcado sobre los envases de plástico flotando en la ría. Incluso ilustra su artículo con un bonito bodegón – al parecer organizado por Amigos de la Tierra- donde se simula que una serie de envases salen de los árboles o arbustos cuales florecillas de colores.

El artículo aprovecha la ocasión para abogar por la desaparición del agua embotellada, por innecesaria, apelando a la calidad del agua del grifo. Otra de las batallas que una vez tras otra se reflejan en los medios, y que como veremos nada tiene que ver con el problema que se quiere denunciar.

Así que al rebufo de estas dos noticias, se me ha ocurrido inventar un nuevo término, que espero le guste al lector: Instrumentador de Basura: dícese de aquél (o aquéllos) que instrumentalizan el problema del abandono indiscriminado de residuos para arrimar el ascua a su sardina o negocio. El lector que me conoce sabe que voy a hablar otra vez del SDDR y sus promotores, pero antes voy a hablar de las botellas de agua. La imagen que ilustra el artículo, fotografía de Gustavo Rivas,  no cabe duda de que es una composición artística interesante, realizada, se supone, con los envases encontrados en la ría (probablemente y por el aspecto de algunos de los objetos más bien se habrán encontrado en la playa que en el mar.

No es fácil identificar todos estos envases, muchos de ellos bastante deteriorados, pero aún así me he molestado en contarlos, estimo que con una precisión de alrededor del 10% ya que algunos son inidentificables. Esto es lo que me da mi cuenta: 50 envases de productos de limpieza, 3 de disolventes, 3 de agua, 1 de zumo y 4 de refresco.

plastico en los arboles

Es decir, que el problema de abandono indiscriminado de envases de plástico que se denuncia no tiene, o poco tiene, que ver con el consumo de agua embotellada. Por otra parte el contenido de la mayor parte de los envases podría haber sido tóxico, con lo que si hubo un problema ambiental tal vez no habría que buscarlo, en esta ocasión, en el continente, digo yo. Entonces, ¿qué tiene de interesante este artículo y esta imagen? que se presenta por los instrumentadores de basura como una de las razones que hacen necesario implantar un SDDR. Pero, como saben, el 90% de los envases que parecen en el montaje no entrarían en un SDDR. Normal.

Ahora podemos volver brevemente a la recogida de Portinax. Ya he reflejado lo que comentó en presidente de la asociación de vecinos sobre los resultados de la recogida, pero también he podido obtener una de las imágenes que ilustraron en la prensa el resultado de la acción, esta vez debida a V.Marí de Diario de Ibiza.

jornada-limpieza-portinatx-1_g

A mi juicio, esta vez la imagen sí es coherente con el texto, ya que el presidenta hablaba , entre otros hallazgos , de gran cantidad de cables. También citaba aunque no de modo muy destacado la presencia de envases de cristal, pero no de otro tipo. No se qué tal les suena la interpretación de los instrumentadores de basura de los resultados de la acción : “Lo que más sorprendió a los participantes fue la cantidad de latas vacías y litronas que encontraron en el bosque”. Los promotores del SDDR llevan cinco años demostrando el sistema, pero todavía sus máquinas no han aceptado ninguna litrona. Ah, por cierto, en lo que reflejan los medios nadie firma haber visto una lata, aunque seguro que algunas se habrían despistado del contenedor amarillo.

Algo muy parecido se ha reflejado en una nueva recogida de residuos abandonados en el río Segura, donde el botín esta vez fue de 300 kg. Las imágenes que ilustran la información muestran, entre otros residuos una gran cantidad de envases de productos de limpieza y garrafas de agua de cinco litros (tampoco ninguna lata esta vez). Huelga decir que todos esos envases no entrarían en un sistema de depósito, los primeros porque el sistema está orientado a bebidas y la segundas porque las máquinas que fabrican los patrocinadores de envases-segura2

la campaña ahora centrada en el littering o vertido incontrolado no sirven para recoger garrafas de ese tamaño. Los propios organizadores lo explican en un vídeo*: muchas botellas de lejía (que no entran en el SDDR).  Me temo que van a tener que pintar los envases que no están, como hacen sus colegas los ecologistas alemanes. ¡Vaya! no tenía que haber dado ninguna idea.

No se crean que los instrumentadores sólo actúan en España: hace pocos días el ex primer ministro del estado de Victoria, en Australia Denis Naphtine, componía otro bonito bodegón rodeado de botellas y latas para reclamar el SDDR en esa región como solución al vertido incontrolado. Como no nos parece que eso sea casualidad, entramos a analizar los datos de las organizaciones que, también allí, llevan a cabo la esforzada y meritoria labor de limpiar los espacios naturales. No creo que les sorprendan los números que les voy a trasladar: aproximadamente el 2% de los residuos recogidos eran envases de bebidas que irían al SDDR. Los datos los pueden comprobar en el Melbourne Leader de hace tres días.

Entonces, qué tienen en común el estado de Victoria en Australia y el Estado español, dos territorios que no podían estar más separados, geográficamente hablando? Muy sencillo: son dos de las regiones en las que se pretenden vender más máquinas de recogida de envases usados para el SDDR en los dos próximos años.

Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 1.900 veces en 2015. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 32 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

El SDDR, el sistema internacional de unidades y (de nuevo) el anumerismo, pero ahora ante el Senado

En el último par de semanas ha habido un buen número de noticias sobre el informe dado a conocer por el Senado después de varios meses de trabajo, en los que han escuchado a numerosas instituciones, empresas, asociaciones y otras entidades que han dado a conocer su visión y preocupaciones sobre la situación de los residuos en España y las posibilidades de mejora. Un amplio informe, muy detallado, que merece la pena leer, aunque nos queda pendiente, como se apuntó en la propia ponencia, ver en detalle las distintas presentaciones que se llevaron.

Fieles a nuestra máxima de no discutir sobre la medida de lo que se puede medir, cada vez que el equipo de marketing -marketing verde, por supuesto- que promueve la implantación obligatoria del SDDR en España interviene, buscamos ávidos lo que pudieran haber dicho, en este caso a los senadores, simplemente tratando de averiguar, ya que hasta ahora no hemos podido conocer las fuentes, de dónde procede una alegación repetida desde el primer día que se presentaron en el estupendo escenario del Jardín Botánico de Madrid hace casi cinco años:

“Cada día se consumen en España 51 millones de envases, de los que 30 (otras veces dicen 35) van a vertedero o a quemar”.

Cuando escribí un detallado trabajo para el congreso nacional de medio ambiente CONAMA 2012 creí haber encontrado el origen de esa alegación: si en España se reciclaba el 30% de los residuos municipales, y teniendo en cuenta que la principal estrategia es difamar para desprestigiar los sistemas de reciclado en vigor, preferentemente con cifras falsas, ya está: confundimos residuos municipales con residuos de envases, residuos de envases con residuos de envases de bebidas y estos últimos con la parte que entraría en el SDDR y ya hemos creado la confusión.

Ahora hemos sabido que en esta última comparecencia la creatividad ha dado un nuevo salto cuántico: al parecer un estudio científico citado de pasada mostraba que el 77% de lo que va al contenedor resto son envases. Creo haber oído que el 77% es en volumen, por cierto. Que en todo el mundo la cantidad de residuos se mida en peso es al parecer irrelevante. Por supuesto me he ofrecido a enviar a los comparecientes una copia del sistema internacional de unidades, donde puede verse la diferencia entre peso y volumen.

Como estoy acostumbrado al peso, voy a suponer, ya que el estudio científico mencionado no creo que vea nunca la luz, que estamos hablando de peso.

El 15% de los residuos municipales son envases, según las estimaciones más consolidadas. Luego el 85% de los residuos municipales no son envases.

A los contenedores de envases sí van envases. Si lo duda, asómese a un contenedor amarillo (los hay por todas partes). Nos pueden discutir si los medimos o no con la precisión adecuada. Si sólo el 15% de los residuos municipales son envases, y una parte significativa de esos envases no va al contenedor resto, cómo es posible que en el contenedor resto el 77% sean envases? ¿Dónde va el auténtico resto? ¿Los ciudadanos van esparciendo la basura orgánica por la calle tal vez? Que alguien, si lo entiende, me lo explique, por favor.

Buscando envases de colores en la basura

Hace algún tiempo recogí en este blog una campaña llevada a cabo por la organización que promueve el SDDR en España, encaminada a demostrar que el vertido incontrolado se resolvería implantando el sistema que defienden por encargo de sus patrocinadores, que a su vez son los que lo venden (tal vez sería interesante reflexionar sobre si este círculo debería entrar en la categoría de economía circular). De hecho lo traté en dos entradas cuyos enlaces incluyo al final.

Para ello necesitaban transmitir que esa basura estaría compuesta precisamente por los envases que recogen las máquinas que venden sus patrocinadores. No hay que ir muy lejos, porque la convocatoria de elecciones generales del próximo mes de diciembre ha provocado un furor por volver a sacar del archivo los viejos argumentos.

Para los amantes de la historia del cine me gustaría destacar el paralelismo de este proceso con la película “el chico” de Charlie Chaplin, en la que un cristalero encargaba a su hijo que rompiera cristales a pedradas para que él pudiera aparecer después a poner los cristales nuevos.

Esta campaña se llama Desembasura. El símbolo que exhibe es la tapa de una lata de bebidas, como si este envase fuera un importante componente de la basura que pretenden desembasurar, y la fotografía que ilustra la nota de prensa de resultados también exhibe latas de bebidas, envases sin los cuales el sistema que quieren vender (SDDR) no podría funcionar. No se si por la forma de la tapa, o por el enredo en que nos quieren meter, yo creo que definitivamente ésto es economía circular .

En aquellos artículos destacaba la dificultad que encontraron los convocantes para tratar de demostrar lo que no era en absoluto cierto. Cada vez que el equipo de marketing que promueve el SDDR convoca una recogida de residuos, demuestra con mayor contundencia, si cabe, que el vertido incontrolado no consiste en los envases que ellos quieren. Yo no se si debería caer alguna cabeza como consecuencia, pero en todo caso y dado que están basados en Cataluña creo que, al menos, deberían hacérselo mirar.

Así pues, hablemos de la última recogida: 20 de septiembre en el parque de Collserola, lugar muy frecuentado por la proximidad a Barcelona y Sant Cugat, zona que conozco bastante bien. 3500 kilos de basura recuperada, de ellos 150 kg (el 4,2%) envases de bebidas. Todas las fotografías que ilustran la crónica del evento, por descontado, son de esos envases de bebidas.

Vamos a profundizar un poco en esos números. Encontraron quinientos envases, según dicen. Los envases ligeros de bebidas -los que recogerían las máquinas que promocionan- pesan unos treinta gramos de media, lo que multiplicado por quinientos hace exactamente quince kilos. Si hubieran encontrado quince kilos de los envases que sacan en las fotos que ilustran su relato, querría decir que los envases de bebidas habrían representado el 0,4% de los residuos recogidos. No sabemos si el SDDR que plantean ahora es un SDDR para escombros, bicicletas abandonadas o colchones, porque de otro modo no alcanzo a entender cómo el SDDR resolvería el problema de los residuos abandonados.

La respuesta en cierto modo la dan los propios promotores: más allá del peso, las botellas de plástico, de vidrio y las latas han sido los residuos más presentes en la acción de limpieza. El peso, la dimensión en la que se mide la cantidad de residuos en todo el mundo civilizado, pierde su sentido cuando se trata de intoxicar al ciudadano. En realidad esos envases sólo han sido los más presentes en las fotos de su nota de prensa, algo a lo que nos tiene acostumbrados, ya que si algo dominan los promotores del SDDR, siguiendo la tutela de sus prescriptores alemanes, es la especialidad artística del bodegón.

Por volver a los resultados cuantitativos, si quinientos envases pesan ciento cincuenta kilos, desde luego no tienen nada que ver con los que ilustran su relato. Nos queda la duda de si no sabían pesar, no sabían contar o no sabían fotografiar, porque una vez más no salen las cuentas. Esa imposibilidad para entender los números se llama anumerismo y, sí, también lo traté en su día.

https://ecothinktankma.wordpress.com/2012/11/17/buscando-basura-desesperadamente/

https://ecothinktankma.wordpress.com/2013/03/13/el-anumerismo-ecologista/

Hoy, por primera vez, he comprado muchas bolsas de plástico

Hace años que muchas organizaciones y particulares escriben o se manifiestan activamente en contra de las bolsas de plástico, confundiendo el mal uso que se hace de algunos recursos con su supuesta peligrosidad para el medio ambiente. A esa tendencia a culpar de todos los males al plástico, yo la llamo plasticofobia. Una advertencia: mi campo de especialización son los metales, por lo que no se le ocurra acusarme de arrimar el ascua a mi sardina.

La cuestión es que cualquier material de cualquier tipo que se utiice en gran cantidad corre el riesgo de abandonarse indiscriminadamente, y precisamente el plástico es un material (en realidad una larguísima familia de materiales) que, debido a sus multiples aplicaciones tienen esa característica: son prácticos. cómodos, tienen innumerables aplicaciones y además son baratos.

Hace algunos años, con el desarrollo del comercio moderno la gente desarrolló nuevos hábitos de compra; se acostumbró a ir a la compra sin bolsa (o capacho, como se decía antes); se compraba de paso que se hacía otra actividad, al volver a casa del trabajo, en tiendas grandes, pequeñas o medianas, en tiendas de conveniencia o en cualquier otro establecimiento. Eso hizo que los comercios ofrecieran a sus clientes bolsas de plástico  para llevar su compra. Esas bolsas son ligeras, baratas y resistentes, y la mayor parte de los clientes las utilizaba después para otros usos. Desde llevar la comida al trabajo, a usarla como envoltorio para cualquier aplicación. Las personas mayores que viven solas y consumen poco se fueron acostumbrando a utilizarlas como bolsas de basura, evitando así comprar bolsas de gran tamaño que podían tardar varios días en llenarse con las consiguientes molestias, y además que pesan bastante una vez llenas para una persona de avanzada edad. Bajar una pequeña bolsa con algunos restos se convirtió así en un hábito higiénico para muchas personas. Algunas personas las aprovechaban para recoger los restos que sus perros dejaban en la calle al salir a pasear.

Con la llegada de la recogida selectiva, especialmente el contenedor amarillo para envases ligeros, las bolsas de supermercado tenían un tamaño bastante adecuado para guardar los envases vacíos que se llevan a dicho contenedor. Se pusieron de moda unos prácticos contenedores semicirculares que había en todas las cocinas, donde se metían por arriba las bolsas usadas al vaciar la compra y se iban sacando por una ranura según se iban necesitando para un nuevo uso. Esa operación se llama reutilización, algo que encanta a los verdes.

De los miles de objetos que se vierten indiscriminadamente, y de los que, como todo el mundo sabe la mayor proporción consiste en colillas apagadas y pegotes de chicle, seguido bastante de cerca sobre todo en las ciudades por octavillas publicitarias y bolsas voladoras de aperitivos o chucherías, las organizaciones ambientales han decidido que hay dos tipos que son especialmente dañinos: los envases de élite (latas y -como no- plástico PET) de algunas bebidas, de las que he hablado mucho en este blog en relación con la campaña de marketing sobre SDDR que una hipotética ONG viene desarrollando hace algunos años, y las bolsas de plástico, el tema de hoy.

La campaña en contra de las bolsas de plástico ha sido verdaderamente feroz. Hay quien pide una Europa libre de bolsas de plástico (lo que no es de extrañar, también hay quien pide una Europa libre de transgénicos, en contra del menor sentido común y del desarrollo científico) se convocan días sin bolsas de plástico, incluso hay quien presume de vivir sin plástico – por cierto, posicionamiento que se deja atrás al cruzar la puerta de entrada de un hospital, que con la salud no se juega- como si la humilde bolsa de camiseta que nos dan (nos daban) en los supermercados tuviese la culpa de todos los males del planeta. El comercio reaccionó con bastante buen criterio, y se acordó cobrar una pequeña cantidad, unos 5 céntimos de euro, por cada bolsa, con lo que se ha reducido espectacularmente el consumo, del orden del 80% en España, se ha frenado el consumo innecesario y ahora todos salimos de casa o llevamos en nuestro coche un montón de bolsas de plástico mucho más grandes y pesadas, eso sí reutilizables (como las otras, vamos, pero más veces) y que no llevamos si vamos andando con lo que acabamos comprando nuevas bolsas reutilizables, bolsas de un solo uso, pero ahora más pesadas, con lo que consumimos más plástico etc: ahora si que vamos cargados de plástico a todas partes.

Pero esa reducción no es suficiente para los más militantes: hay que prohibirlas definitivamente, según ellos. La cruzada contra la bolsa de plástico sigue, a pesar de que en todos los establecimientos se utiliza un montón  de ellas para montones de productos que no nos pueden dar en la mano, sea piezas de fruta, cereales, frutos secos, carne, pescado, etc. Pero no hay problema. contra esas otras bolsas no va la batalla. Sólo se combaten las tradicionales bolsas que nos hacen la vida más fácil.

¿ Y qué le ha pasado a los pobres ancianos que antes se apañaban con las bolsas de supermercado ? Pues que ahora tienen que comprar bolsas de basura. La venta de bolsas de basura ha aumentado un 10% aproximadamente desde que se ataca sin piedad a las bolsas de supermercado. También ha aumentado la venta de bolsas para detritus de perros, y otros varios usos, con lo que nos queda la duda de si habrá sido la propia industria la que ha impulsado la prohibición, pero no nos parece razonable.

Así que, aprovechando que en vacaciones hay algo más de consumo de bebidas y hago más viajes que el resto del año al contenedor amarillo, se me planteó la duda de qué hacer. Si en el supermercado no me dan bolsas o las tengo que pagar a cinco céntimos ¿Utilizo gruesas bolsas reutilizables que tendré que lavar, ya que los envases vacíos pueden soltar algo de líquido que atrae pequeños seres voladores (o caminantes) adicionales a los que pululan en tiempo de calor? Ya tengo un prensalatas para reducir el tamaño de las latas de bebidas, pliego los cartones de bebidas, y a difrencia de las botellas de agua más finas, difícilmente puedo aplastar los gruesos envases de PET para bebidas con gas. ¿qué hago para que esto no se convierta en mi principal preocupación veraniega?

Pues la solución era más sencilla de lo que yo imaginaba. Me he acercado a un bazar de esos que llaman “chinos” y he preguntado si vendían bolsas de plástico. He comprado dos paquetes, de dos tamaños distintos, de 250 bolsas cada uno, a bastante menos de un céntimo la unidad, y ya tengo el veraneo resuelto. Supongo que el próximo verano tendré que buscar otra solución, porque en cuanto se enteren los verdes seguro que consiguen, también, prohibirlas.

Madrid, libre de transgénicos: la película

Como asistente y modesto participante (desde el público) en este acalorado debate el pasado viernes, 17 de julio, en un estupendo palacete restaurado como centro cultural, el Casino de la Reina, en el centro de Madrid, me ha parecido oportuno subtitular así esta entrada, que igualmente podía haber apodado “el culebrón” “el desatino” o “sálvese quien pueda” – este último para no llamarlo directamente “sálvame” –

La propuesta de declaración de la ciudad como zona libre de transgénicos formulada por Ahora Madrid ya tiene un recorrido de algunas semanas, lo que nos llevó a bastantes asistentes a pensar que el acto del viernes nos habría permitido conocer en detalle una propuesta fundamentada y razonada, como se merece la ciudad que alberga al mayor número de centros académicos y de investigación del país, con una argumentación sólida, lo que nos llevaría a un debate serio. Eso esperábamos, a pesar de haber leído la argumentación de la larga convocatoria que amenazaba, como así fue, todo lo contrario.

Los convocantes, en nombre de Ahora Madrid, no sabían muy bien qué iban a defender; creo que se esperaban un público entregado que aplaudiría la iniciativa y, tal vez les proporcionara un titular del pelaje que les gusta a los ecologistas, algo así como “el pueblo de Madrid a favor de la declaración……” pero se encontraron con una audiencia crítica, que sí tenía formación en el tema, y que rebatió de uno en uno todos los argumentos expuestos. Para evitar repetir lo que han dicho ya con mayor detalle voces mucho mas autorizadas que la mía, indico al final otras entradas sobre este mismo evento. En resumen, la mayor parte de los asistentes salimos convencidos de que no hay una base fundamentada para seguir adelante con esta declaración.

En primer lugar, el título de la declaración es suficientemente vago y genérico como para no saber qué petición concreta contiene. Para algunos miembros de la mesa parecía que se trataba de evitar el consumo de sustancias presuntamente peligrosas, para otros era una cuestión democrática (ignorando que la hipotética toxicidad de determinadas sustancias no es algo que se pueda decidir por votación, sino que debe comprobarse sobre la base de un análisis de riesgo por expertos cualificados), para otros se trataba de proteger a los pequeños agricultores del poder económico de las multinacionales, en otras intervenciones se habló de la importancia de la agricultura de proximidad, de la agricultura ecológica, de agroquímicos, de patentes, de herbicidas y pesticidas, de glifosato, en definitiva se mezclaron toda una serie de argumentos; también se dijo que sólo se referían a cultivos alimentarios, no a otra sustancias útiles como la insulina y otros fármacos aceptando explícitamente que muchos OMG son claramente beneficiosos.

Es decir: no se sabía si la declaración era en contra de los OMG, en contra del modelo productivo, del sistema electoral o de la industria química en general.

De hecho, para mí no es más que, simplemente, una declaración política para intentar demostrar, esta vez con un fracaso de proporciones bíblicas, el poder de convocatoria de determinadas organizaciones ambientales.

Por otra parte había suficientes expertos en la sala, biotecnólogos e investigadores en la materia, que dejaron claro que para elaborar la citada declaración, aparte de no tener ningún fundamento científico, ni se había contado con expertos para su formulación ni tampoco se había acudido o consultado ningún organismo público de investigación competente en la materia para su preparación.

Así pues me gustaría rogar a la organización que, en caso de que continúen los debates sobre el tema, no se adopte dicha declaración sin contar con opiniones de científicos expertos. En el acto del viernes varios participantes estábamos en representación de ARP-SAPC, entidad sin ánimo de lucro  que fomenta el  pensamiento crítico y rebate las pseudociencias en todos los foros a los que llega, y me he permitido pedirle a la dirección de nuestra organización que ofrezca nuestra colaboración para que expertos tanto de entre nuestros miembros como de la comunidad científica puedan aportar documentación, información y datos para que Ahora Madrid no cometa el error de formular una opinión que vaya en contra del conocimiento científico, transmitiendo la impresión de que se guía por planteamientos pseudocientíficos, y sobre todo que no alarme innecesariamente a la opinión pública a la que dice representar.

A continuación reseño todas las entradas que he localizado sobre el mismo acto que podrán ampliar la información. La última que recojo sirve para conocer con razonable aproximación la posición que defendió la mesa.

http://cienciamasticada.blogspot.com.es/2015/07/debate-transgenicos-en-ahora-madrid.html

…Eso, ¿por qué deberíamos querer que Madrid sea Zona Libre de Transgénicos?    http://t.co/lshRVJTlzZ

Debate sobre la declaración de “Madrid Zona Libre de transgénicos”

http://t.co/LzE7u8UfxU

http://www.enchufa2.es/archives/debate-sobre-transgenicos-convocado-por-ahora-madrid.html

Y por fin, la postura más o menos de la mesa:

https://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/27387-debate-sobre-transgenicos-ciencia-conocimiento-y-democracia.html

More refillables for more jobs? here’s a different perspective

A recent (june 22) letter to the European Commissioner on the Environment from the policy officer of the European Environment Bureau entitled “Beverage packaging: European jobs and waste legislation in serious danger” raises a very interesting subject. According to that document, Europe should protect and promote reusable packaging (for beverages only, as for other goods apparently one way packaging is OK) as a way to prevent waste and also to protect jobs.

No rationale about the jobs argument, unfortunately, can be found in the letter. There are many examples where, going backwards in technological development, jobs can be created: for example, a shift from e-mail back to paper post, would create, among others, several thousand postmen jobs.

The letter is addressed in the context of the forthcoming Circular Economy Package. Circular Economy means reintroducing goods in the production cycle, namely among others ensuring the best possible recycling, exactly what we have been learning for more than twenty years of improving our collection, sorting and recycling methods to ensure that all – not only drinks- used packaging materials are processed in the best possible way.

Why drinks packaging only then? Perhaps the writers of the letter don’t realize how much waste is produced in Europe, and of that, how much comes from drinks packaging. Just to refresh their memory, roughly 10% of waste in Europe is municipal waste, and more or less one third of municipal waste is packaging waste. Depending on the country, some 40% of that might be glass packaging, and the other 60% light packaging. Between 5 and 10% of light packaging and roughly 50% of glass packaging are drinks packaging. Of all used packaging generated, drinks packaging are by far the most recycled packaging simply by technological reasons: the higher the volume to weight fraction, the higher the efficiency of the sorting systems; on the other hand most countries don’t have separate statistics on how much drinks packaging are recycled, so no one can claim how much a new system could improve drinks packaging recycling vs the current systems.

From the above data we can deduct that if w is the amount of waste, non recycled drinks packaging at most could be less than 0.025%w. That amount thus does not seem to show to be the reason for the alarm.

If the amount of waste is not the reason, another reason might be the apparently more favorable environmental credentials of refillable packaging vs one way packaging. That has also been a long debate, and all experts agree that it is basically something which has to do with number of trips and transport distance: the longer the distance, the more favourable it is for one-way, especially light packaging. The energy cost of transporting a refillable container for every cycle is around twenty times the cost of transporting a one-way container for the same amount of drink delivered. Distance is the key.

Number of trips is another story. Organizations who promote that, have never been able to show with factual information that a refillable bottle can do 50 trips. No need for that, in fact those organizations don’t have to prove their claims.

In any case there is a very developed scientific discipline, Life Cycle Analysis (LCA) which can be used to ascertain the differences, but by the way is seldom used by organizations promoting refillables. This could be the golden opportunity to do it.

Local products are another argument. If you are a small bottler you can only fill bottles. All your production of one year could be filled in half a morning in a modern can filling line at a very small cost, for example. Thus if you want want to produce a small amount of eg only local beer, not only refillables are preferable, they are your only choice.

Many of the organizations who back this letter have a common characteristic: they support deposit and return systems (DRS) for drinks packaging. Does it mean that promoting DRS is equivalent to promoting refillable drinks packaging?

Quite the opposite. Since DRS were implemented in the nordic countries and Germany, the share of refillable drinks packaging has constantly diminished. In Germany some 30 percentage points from 2003 to now, in Denmark 31 percentage points between 2008 and 2013, in Finland packaged beer went from 90% refillables to around 10% in only seven years, in Norway packaged beer had a refillable share of 100% in 2000, 44% in 2000, and only 17,5% in 2013.

The emotional argument the DRS promoters use is that with DRS we will bring back the bottle to refill “as our parents did”, but DRS, in fact, has been the smart way to get rid of refillables.

Debate científico ¿una vez más, sin ciencia? Ánimo, Mulet

Por enésima vez asistimos a una historia truculenta con base pseudocientífica -en esta ocasión ha ocurrido en Argentina, pero no hablamos del país sino de las personas que lo han organizado – por los promotores de una campaña en contra de las intervenciones de José Miguel Mulet, bioquímico español y conocido divulgador científico que en los últimos meses ha publicado dos interesantes libros “Medicina sin engaños” y “Comer sin miedo” en los que aborda con rigor la interminable cantidad de mentiras y mitos que hay alrededor de la salud y la alimentación, respectivamente. Antes de seguir quiero enviar mi apoyo a la labor que con tanto acierto está desarrollando a (por ahora) ambos lados del atlántico.

Más allá de los hechos concretos, que esta vez, al parecer, han incorporado como novedad amenazas de muerte, vuelve a manifestarse el estilo con el que personas y organizaciones han hecho de la alarma y el catastrofismo gratuíto su modo de vida. Aquí lamentablemente también coexistimos con unos cuantos ejemplares.

En estos ataques a J.M. Mulet, como no podía ser menos, volvieron a salir toda una serie de coletillas, cuando los organizadores de los escraches y amenazas trataron de explicarse en una carta abierta. Como él con muy buen criterio no los va  a contestar, me he permitido este modesto recordatorio de lo que el colectivo descerebrado considera ciencia.

Por una parte, hay que intentar alarmar lo más posible a la población, bajo la excusa de una serie de peligros, generalmente imaginarios, y con frecuencia asociados a la denostada industria química, que no es otra que la que convierte sustancias de distinta procedencia, natural o sintética, en sustancias con una composición y propiedades, definidas y controladas que en general son de utilidad para la humanidad. Muy sencillo y lógico, ya que nadie se arriesgaría a poner en juego su ingenio y su dinero para desarrollar sustancias inútiles. Pero eso no cuenta. Según estos nuevos apóstoles, el fin de la industria no sería otro que acelerar la natural desaparición de la humanidad que tendrá lugar, esperemos, en un momento muy lejano.

Por otra, hay que exhibir como verdades científicas una serie de publicaciones, artículos de prensa, charlas en ambientes favorables, tertulias, etc. Nunca se cita a los científicos o instituciones relevantes en la materia de que se trate, a las autoridades internacionales de seguridad alimentaria o agencias del medicamento, ni por supuesto a las revistas internacionales de prestigio, que es el lugar natural donde se publican los resultados de todo tipo de investigaciones, previo examen de otros expertos del área.

En el mundo científico, estos revisores o referees, formulan objeciones, interpelan a los autores y piden aclaraciones fundamentadas antes de aceptar una publicación con el fin de que, hasta donde se puede llegar, quede constancia de que el trabajo que se pretende publicar se ha desarrollado teniendo en cuenta el conocimiento científico anterior, y, a ser posible, que los resultados de las investigaciones o experimentos se explican con la claridad suficiente para que otros grupos de investigación puedan verificar la exactitud o precisión de los resultados replicándolos en sus propios laboratorios. Así se hace la ciencia, pero los nuevos apóstoles no están interesados en el método científico. ¿Para qué acudir a las complicadas revistas internacionales cuando el tema – es decir, el peligro- es de sobra conocido?

De nuevo aparecen, como hemos citado en otras ocasiones, conceptos como el principio de precaución. Es una de las coletillas favoritas: prohibamos algo por si fuera peligroso, a no ser que podamos demostrar que no lo es. Pero eso no es posible. No podemos demostrar que el agua que bebemos no tiene arsénico. Podemos comprobar que tiene menos que el que detecta nuestro instrumento más preciso, y que para ese nivel no se ha demostrado ningún efecto nocivo, pero nada más. Es algo complicado de entender, sobre todo para los que no quieren entrar en el rigor del debate científico sino imponer sus creencias.

En fin, sólo nos queda esperar la próxima ocurrencia de los enemigos del rigor y el conocimiento científico. Seguro que ya la están preparando, pero con un poco de suerte esperemos que no venga esta vez con amenazas de muerte. ¡Ánimo, Mulet!