El debate sobre agua del grifo y la hostelería

Entre los innumerables debates absurdos e irracionales entre el mundo ecologista y la Sociedad – distinción obligada – sin duda el del agua del grifo es uno de los que ocupa (si no el que más) páginas y páginas de prensa, encendidas polémicas y larguísimas líneas de tiempo twitteras. Para que no se me acuse de estar escorado hacia ninguna de las partes, aclararé que yo, como una gran parte de los consumidores,  bebo tanto agua del grifo como embotellada. Una vez más depende de la ocasión y el lugar de los que estemos hablando.

Dos aspectos para centrar la discusión.

  1. ¿Es bueno o malo beber agua del grifo? En España el agua del grifo cumple prácticamente en todo el territorio nacional todos los requisitos sanitarios. Es decir es salobre, lo que ni necesariamente indica que sepa bien, ni tampoco indica que, para según que consumidor, sea la mejor.
  2. ¿Es bueno o malo beber agua embotellada? El agua embotellada, que no es una, sino muchos tipos distintos, también cumple todas las exigencias sanitarias; eso tampoco indica que qualquiera de ellas sea la mejor para según qué consumidor. A cambio, es más regular de sabor y puede ser, por ejemplo, con gas o con sabores, lo que de momento no es el agua del grifo.

Como diferencias, además, cualquier consumidor de  agua embotellada puede conocer fácilmente su composición con precisión. El agua del grifo es mucho más barata, y el agua embotellada se puede transportar con total asepsia y garantía de mantener todas sus propiedades, lo que no siempre es posible con el agua del grifo. Como aportación al debate y ocurrencia adicional reciente, por ejemplo, la Universidad de Alicante acaba de reivindicar el tradicional botijo. Salvo la anécdota, hay que insistir en que salvo en ocasiones específicas nadie debería decir que una u otra son mejores.

Entrando ya en la controversia sobre consumo de agua del grifo en la hostelería, se podrían poner innumerables ejemplos y de hecho así se ha visto  en los medios, de lugares o países donde culturalmente la opción de incluirla o no, de que sea o no obligatorio, se podría justificar igualmente.

Pero para entrar en el debate sobre la hostelería, hay que  ver los aspectos económicos.

En primer lugar, no se debe ignorar que un establecimiento de hostelería es un negocio; sí, algo que muchos ignoran. No es un servicio público que presta el estado a sus ciudadanos pagado con sus impuestos, sino una apuesta empresarial donde alguien se juega su dinero, y teniendo en cuenta todos los requisitos de seguridad alimentaria que hay que cumplir para dar de comer y beber a la gente, muchísimo dinero, más que , por ejemplo, abrir un outlet de camisetas donde sólo hay que alquilar un local y poner unas perchas o estanterías.

Esos requisitos implican que el coste por metro cuadrado pueda multiplicar por un factor elevado el de cualquier otro negocio, y como es lógico que el inversor pretenda recuperar la inversión. Por ello, obligar al establecimiento a dar cualquier cosa gratis no tiene que ver con el coste de lo que se da, sino con el coste del servicio.

¿Qué hacer? Seguro que no les va a gustar nada, pero  los establecimientos podrían cobrar entrada con consumición, como antes se hacía en los bailes. Una vez dentro usted decide en qué se gasta el importe. Si decide no tomar nada, también puede ocupar una mesa, y consumir esa entrada en tiempo de uso o de descanso. Así todos contentos.

Anuncios

Medio ambiente y prohibiciones, desprecios al conocimiento y al progreso tecnológico.

Septiembre de 2018 ha comenzado con una mala noticia desde el punto de vista medioambiental: entra en vigor la prohibición de fabricar lámparas halógenas. Si el lector se ha escandalizado, o incluso si no,  le invito a seguir leyendo.

Las lámparas halógenas son sólo un ejemplo más de la furia que nos rodea por prohibir cosas con excusas medioambientales. Por cierto, en los momentos actuales hay en discusión en algunas regiones distintos proyectos o propuestas de ley que tienen como característica fundamental cebarse en prohibir cosas (por cierto, también hablan de obligar, la otra cara de prohibir).

Las bolsas de plástico, las pajitas de plástico, las bebidas en envases de un sólo uso (de plástico, vidrio o metal) en lugares públicos o dependientes de las administraciones, especialmente las regidas por conglomerados populistas, la obligación de proporcionar agua del grifo incluso en regiones donde es imbebible, etc…..

Esto me trae el recuerdo de la prohibición cañí, no hace muchos años, de las bombillas incandescentes, para sustituirlas por las bombillas de bajo consumo, una variedad de lámpara fluorescente que ha tenido un desarrollo más bien penoso y prácticamente ha caído ya en desuso, como suele ser el caso, gracias a los avances tecnológicos, que en este caso nos han traído las lámparas LED.

Las bombillas incandescentes fueron un invento absolutamente esencial y durante décadas y décadas la forma más avanzada de iluminación, pero afortunadamente con su aparición no se prohibieron los quinqués de petróleo o los faroles de gas.

Hace unos quince años me tocó poner en marcha una casa y  prácticamente todas las luces (42, por cierto) fueron incandescentes. Quince años más tarde buena parte de esas bombillas se han ido sustituyendo, primero por las infames bombillas de bajo consumo y más recientemente por luces LED, generalmente en función de las necesidades y el tiempo de iluminación previsto; pero una parte importante sigue siendo de incandescencia. Si no están mucho tiempo encendidas, de hecho, la sustitución por otro modelo probablemente no se compensa en cuanto a consumo de recursos y energía  durante el ciclo de vida de la nueva bombilla, que cuesta varias veces más y también requiere lo suyo para fabricarla (si no, no sería tan cara). También instalé una iluminación de exterior resistente a la lluvia donde siguen (con un uso de sólo algunas horas al año) unos estupendos focos halógenos que iluminan como el primer día.

Algunos pretenden justificar las prohibiciones con números, pero muchos de los que lo hacen en realidad no saben de números. Son en definitiva, seres anuméricos. Nunca calcularían el uso en horas y el consumo unitario antes de cambiar una iluminación por otra, les va la macroeconomía doméstica , si es que existe.

Empezando por los distintos inventos que la tecnología nos va poniendo a nuestro alcance: hasta que se empezaron a prohibir cosas, normalmente un nuevo producto sustituía gradualmente al antiguo, de modo natural, según el nuevo producto fuera desarrollando su potencial o el consumidor del mismo simplemente fuera cambiando sus hábitos de consumo.

Así, las calculadoras electrónicas y los ordenadores han sustituido a las calculadoras mecánicas y las máquinas de escribir. Eso no quiere decir que no siga habiendo escritores que siguen fieles a su máquina, por ejemplo. Lo que no nos entraría en la cabeza es que en su momento se hubieran prohibido las máquinas de escribir por razones medioambientales, es decir por ahorro de recursos.

La imprenta se sustituyó por la impresión en offset moderna, pero no se prohibieron los tipos de imprenta, de hecho hay quien sigue imprimiendo por métodos artesanales. Hoy podrían arriesgarse a una sanción, si acaso.

Simplemente se dejaron de usar, porque había procedimientos más simples y económicos. También las locomotoras de vapor (soy suficientemente viejo para haber viajado en trenes con máquina de vapor) se sustituyeron por máquinas Diesel, que a su vez y de manera prácticamente universal se han ido cambiando por trenes de propulsión eléctrica. Pero ni se prohibió la máquina de vapor, ni se prohibieron las locomotoras Diesel (que por cierto en determinados lugares siguen siendo el medio de transporte más fiable…. ) pero hete aquí que ahora muchos quieren prohibir los motores Diesel para automóvil sin esperar a que, como siempre, en función del progreso tecnológico y de la disponibilidad de metales raros ¿por cierto, sabe alguien si hay suficiente litio en la Tierra? vehículos híbridos o eléctricos continúen sustituyendo gradualmente a otras formas de propulsión terrestre. Pero las prohibiciones siguen ahí, como espadas de Damocles. Hasta se ha dicho que los motores Diesel tienen los días contados, y no precisamente por cualquier indocumentado.

Esperemos, aunque bien es verdad que con poca esperanza, que la racionalidad se imponga y, como siempre, se aplique la definición de sostenible que más repito: sostenible es lo que hoy está en el mercado; lo que no era sostenible ya ha sido relevado, simplemente por los hábitos de consumo y el desarrollo tecnológico, pero nunca debería serlo acudiendo a la prohibición, que no es otra cosa que un desprecio al conocimiento y al desarrollo tecnológico.

Enésimo intento de engaño al ciudadano: con el SDDR no te pagan por reciclar

La pertinaz desfachatez de los promotores-vendedores del SDDR no tiene límites: más de siete años después de presentarse por primera vez en público, la organización disfrazada de ecologista ahora desdoblada en dos, cuyos directores comerciales quieren vender decenas de miles de máquinas de retorno de envases por cuenta de sus patrocinadores en España, según la noticia,  “una asociación formada por ecologistas, consumidores y sindicatos, y financiada por empresarios alemanes del sector” ,   es decir, los que pretenden vender las dichosas máquinas de recogida de envases, las vuelve a presentar en varias comunidades autónomas, como si se tratara de un sistema que paga al ciudadano por reciclar cada envase. Se habla de 10 céntimos (la inflación ha hecho estragos), cuando en los primeros intentos de engaño allá por 2011 pagaban sólo 5 céntimos. En otros puntos se habla de  “pagar”  al ciudadano 25 céntimos.

En los últimos días la noticia ha vuelto a saltar a los medios: un supermercado de Gáldar (Gran Canaria) aparece como el primero en Canarias en pagar por llevar envases para reciclar. En la misma línea, otro en Lanzarote y, hace algunas semanas se producía una noticia similar en Mallorca.

En primer lugar, nunca hemos dudado de la buena voluntad de los responsables del comercio que han creído ver un elemento atractivo para su negocio instalar una máquina de reciclar envases. Mucho más si, como es previsible, se la han colocado gratis en su tienda. Sólo deberían imaginarse, si el sistema continuara, que les habría costado 20.000 € aproximadamente el aparato, más los costes de luz, limpieza, almacenamiento de los envases recogidos (que no les vendrían a buscar gratis como ahora) en un lugar distinto de donde almacenan los alimentos que venden por seguridad alimentaria, y además adelantar al sistema el importe del depósito de todos los envases comprados, a la espera de que los clientes se los fueran reintegrando al llevarse las bebidas,

Así reflejaba abc de Canarias una noticia de Gáldar el pasado 27 de febrero, y otra similar en Lanzarote.

Muchas veces la inestimable ayuda de los políticos regionales contribuye a dar visibilidad a estas iniciativas, donde los inocentes ciudadanos que participan no pueden menos que acoger con entusiasmo, sin saber que es un engaño, el teatrillo donde les pagan diez céntimos por llevar una botella de agua o algún envase similar.

En los últimos shows el engaño es doble: en Mallorca, junto a unas máquinas que reciben y aplastan envases para su reciclado presentan cientos de envases recogidos sin aplastar para que hagan bulto, con lo que los ciudadanos que han participado de buena fe se van a llevar un doble engaño,

a) creerse que les van a pagar por reciclar

b) que los envases podrían no ser para reciclar, y por eso están íntegros.

En el último simulacro de proyecto piloto en Palma, un cartel indica que se dan 10 ç por cada envase traído, y unas bolsas de envases vacíos esconden que los envases recogidos se aplastan para llevar a reciclar invitando a pensar que se van a reutilizar

 

No hay que esperar mucho para ver cómo se propaga el tercer y último engaño habitual en estos lances:

c) que ésto es como era antes “devolver el casco” 

¿Qué les decía? el propio periódico lo indica “Los envases serán en un primer paso reciclables, y en el futuro reutilizables. Para la organización que lo promueve, la infraestructura asociada al sistema de retorno de envases de un solo uso permitiría avanzar hacia la reutilización, como se hacía antes en Canarias. Lástima que el propio medio recuerde que  Lo que no ha conseguido el SDDR en Alemania es aumentar la reutilización, ya que desde 2003, exceptuando las botellas de vidrio de cerveza, el porcentaje de envases reutilizables ha descendido del 70 al 40%

Si el sistema progresara en Baleares, Canarias o cualquier otra región,  (después del Brexit, Trump y algún proceso que sigue en bucle por ahí cualquier cosa es posible) los sufridos habitantes de Baleares o Canarias no tardarán en comprobar en sus bolsillos que la broma no les va a pagar diez céntimos por envase devuelto, sino que cada bebida le va a costar diez céntimos más si se porta bien, guarda los envases y los lleva diligentemente de vuelta al comercio sin que se estropeen para que la dichosa máquina los pueda leer, y veinte cántimos más si por alguna razón no puede llevarlo de vuelta a la tienda.

 

A la tercera, no va la vencida: en el tercer y último “Proyecto piloto” de SDDR de envases, no había envases.

Después de dos experimentos que los promotores-vendedores del SDDR en España llamaron “proyectos piloto”, uno en Almonacid del Marquesado y otro en Cadaqués, convenientemente analizadas desde este mismo blog, y a la vista de los resultados que cosecharon, que demostraron que aquéllos habían sido de todo menos proyectos piloto del SDDR, llegamos a pensar que tal vez habría un tercero, hecho con algo más de rigor.

Efectivamente ha habido una tercera vez, efectivamente se le ha vuelto a llamar “proyecto piloto de SDDR”, pero, esta vez, sí que se ha rizado el rizo: en esta ocasión el experimento, básicamente, no era sobre envases de bebidas.

Como en la anterior edición (el experimento de Cadaqués) nos fuimos a verlo; esta vez a la playa, a ver cómo iba la cosa. La playa del Prat de Llobregat es, ante todo, una gran playa, que discurre más o menos en una franja entre el aeropuerto de El Prat y el mar.

Con un acceso no muy sencillo, y con una buena extensión, mayor sin duda que la capacidad de aparcar en las proximidades, acoge varios chiringuitos. En esta ocasión, aprovechando una tarde de semana sin gran afluencia, pudimos acercarnos a uno de los que albergaban el experimento.

Señalado con un cartel en la arena, donde los promotores-vendedores no aparecían como organizadores, pero daban nombre al cartel (formalmente el organizador era el Área Metropolitana de Barcelona, AMB) se anuncia como un experimento de retorno de envases y vasos (primera sorpresa).

Hace algunos años, el Forum de Barcelona había utilizado un vaso especial reutilizable, con un diseño muy original, algo así como un perfil de columna salomónica, apilable, por el que se pagaba un euro de fianza y que una vez vacío se podía canjear por uno lleno (pagando la bebida solamente) o devolverlo y recuperar el depósito. Me pareció tan buena idea que aún guardo los vasos de aquella ocasión, de recuerdo, y creo que muchos otros visitantes de aquella ocasión lo hicieron. Pero en este caso los vasos no eran de aquel tipo.

Pues bien, yendo al grano, explicaré que en esta ocasión el chiringuito cobraba un depósito, no por un vaso reutilizable, sino por un vaso de un sólo uso que llevaba una pegatina con un código QR, que un delegado del Area Metropolitana de Barcelona – un propio, vamos- leía al recibirlo y volvía a leer al devolverlo con un aparatito. Esta operación también la podía hacer un camarero del quiosco.

Como el cartel que anunciaba la actividad hablaba de retorno de vasos y envases, pedí una lata de refresco para ver el funcionamiento del sistema. Allí me encontré con  otra sorpresa: no vendían refrescos envasados, todos los refrescos eran de grifo (por cierto, a 2,50€ el vaso, 2,60€ con el depósito). Pregunté a los responsables del quiosco cómo era eso, pero no me dieron explicación. Lo que yo creo es que si pueden cobrar 2,50€ por un refresco de grifo, para qué los van a tener envasados, que podrían ser muchísimo más cómodos para el usuario que se lo quiera llevar y abrirlo más tarde para preservar el gas. Así el usuario tiene que volver más veces – entre otros motivos para recuperar 10 céntimos – y venden más. Negocio redondo.

Recopilando: este “proyecto piloto” es sobre todo para vasos de plástico de un sólo uso.

Con el fin de poder ver cómo funcionaba con envases, conseguí identificar una bebida que sí estaba envasada: la cerveza sin alcohol. así que pedí una lata, y al pagar vi con sorpresa que no tuve que pagar depósito por el envase. No llevaba pegatina.

Una vez comprobado el funcionamiento en el momento de la compra, al cabo de un rato volví para comprobar el funcionamiento de la devolución. Con el fin de documentar la experiencia me acerqué con una cámara de vídeo, y le pedí al responsable o delegado del AMB que me permitiera hacerle unas preguntas sobre el funcionamiento del sistema. En este punto tengo algunas dudas, porque no se si el delegado del Area Metropolitana de Barcelona no me entendió o simplemente no le gustó la idea, ya que no hablaba español, cosa chocante en un municipio de mayoría hispanohablante. Afortunadamente los camareros del chiringuito, muy amables,  sí se expresaban en castellano, y me dijeron que podía devolver la lata de cerveza vacía para su reciclado, aunque no hubiera pagado depósito, lo que me pareció muy bien.

Así que para completar el estudio me interesé por el destino de los vasos y envases recuperados por este procedimiento. En un SDDR con recogida manual (donde no están las máquinas que vende el patrocinador de todas estas pruebas) los envases se llevan a un centro de recuento para su contabilización. Pero allí no se hacía eso. Los vasos y envases se llevaban al contenedor amarillo de ECOEMBES. Por cierto los vasos de plástico de un sólo uso no son envases sometidos a punto verde, y ECOEMBES no está obligado a reciclarlos. Es decir, que la empresa a quien los promotores-vendedores del SDDR vienen difamando desde hace unos cuantos años, tenía que recoger y tratar (a su cargo, suponemos, a no ser que recibiera alguna compensación por los depósitos no retornados, lo que dudamos) toda una serie de objetos por cuyo reciclado no había pagado nadie, pero que a muchos consumidores les habrán costado diez céntimos. Lo más curioso es que en redes sociales este sistema se ha venido publicitando como “un nuevo sistema de gestión de envases”

Con un planteamiento así, no cabe duda de que el SDDR es un modelo de negocio a estudiar con algo más de profundidad.

 

 

 

 

 

 

 

Por casualidad, ¿no habrá visto usted el Rainbow Warrior por Tailandia?

Seguramente no lo ha visto.  Yo le voy a explicar por qué, y también por qué habría sido mejor que lo hubiera visto por allí. Pero déjeme que antes, como navegante a vela desde hace muchos años, le cuente mi impresión sobre dicho objeto flotante. El Rainbow Warrior es un antiguo barco mercante, que se mueve con combustibles fósiles, es decir que contamina y emite CO2 como todo el mundo, pero que simula ser un velero. De hecho tiene un foque enrrollable y, me ha parecido ver, dos botavaras, aunque no he acertado a ver las velas. Un barco de vela debería tener mástil- o mástiles si fuera, por ejemplo, una goleta- pero en lugar de mástiles tiene una especie de grúas, más pensadas para izar pancartas que velas. También se parecen bastante a las estructuras que soportan los trapecios en los circos. Es decir, mi impresión es que está más orientado al espectáculo que a la navegación.

Pues bien, dicho barco acaba de realizar una turné de promoción del sistema de depósito de envases (SDDR) por las tres regiones españolas que están considerando su implantación: Baleares, Cataluña y Comunidad Valenciana, acompañado por las organizaciones que pretenden vender el sistema. Ni que decir tiene que todos los que promueven el SDDR, además de bastante gente de buena fe que creía que iba a otra cosa, han pasado por allí.

ximo en el RW

Promoción del SDDR en el puerto de Valencia a bordo del Rainbow Warrior. Responsables de Retorna y Greenpeace explican el sistema al presidente valenciano.

La excusa para este viaje de promoción ha sido el vertido de plásticos en el mar. De hecho, hasta alguna autoridad se ha manifestado contra el plástico en una artística performance, subido en una tabla de surf, que, como los aficionados (en mi caso al windsurf, cuyo material tiene una composición similar) sabemos, tiene un núcleo de resina de poliuretano recubierta de una capa resistente de poliéster. Para que no rozara con el suelo, la tabla estaba sobre una lámina de PVC. Detrás se había simulado una ola del océano, seguramente con polietileno, coloreado de azul, y en las manos tenía un cartel de PVC amarillo que (interpretado libremente) decía algo así como “acabemos con el plástico”. Mal comparado, es como si yo protestase de los combustibles fósiles bañándome en un jacuzzi de gasóleo.

El argumento utilizado es que vertemos al mar tanto plástico que en el año 2050 habrá en el mar más plástico que peces, pero la razón de fondo es una vez más apelar a nuestras emociones explicando que los vertidos de plástico en el mar se acabarían implantando el famoso SDDR, y que así evitaríamos que las botellas de bebidas se convirtieran en microplásticos, dañando así a los ecosistemas.

Buen intento, pero una vez más fallan los números. Anumerismo y Pseudociencia, los dos principios fundamentales que guían la actividad de buena parte de los activistas ambientales, nos hacen recordar un par de cosas importantes:

  • Por una parte el PET, material del que están fabricadas las botellas de bebidas de uso universal, y que teóricamente desaparecerían al poner en marcha el SDDR, según el informe del programa de medio ambiente de la ONU (PNUMA) es prácticamente inexistente, o al menos el de menor importancia, entre los microplásticos que se encuentran en los océanos.
  • Por otra parte, uno de los documentos clave sobre plásticos en el mar que sirve de base a la estrategia internacional para acabar con este problema es el informe “The new plastics economy. Rethinking the future of plastics” de la fundación Ellen McArthur. Estoy absolutamente convencido de que 999 de cada mil personas que hablan del problema de los plásticos en los océanos y citan este informe no lo han leído. Yo sí lo he hecho, y me gustaría recordar que -como siempre, para resolver un problema hay que cuantificarlo, digo yo – por favor, no nos hablen de ciencia que está en juego el futuro de nuestros nietos, dirán algunos- una de las conclusiones más importantes a la hora de cuantificar el problema es el hecho de que de todos los plásticos vertidos en el mar, el 2% proceden de la suma de Estados Unidos y Europa, el 82% de Asia y el 16% de otras regiones.

La verdad, no sé que espera el Rainbow Warrior para iniciar su periplo asiático y dejar de marearnos en Europa.

Animate a compartir este reconocimiento a la mujer en la ciencia

El 15 de diciembre de 2015 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 11 de febrero de cada año como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia con el fin de «promover la participación plena y en condiciones de igualdad de las mujeres y las niñas en la educación, […]

a través de Reto 11 de febrero: Visibilicemos a las Grandes Físicas — Los Mundos de Brana

El SDDR valenciano y una oportunidad de negocio: hágase aguador

Una de las más importantes contradicciones de la propuesta del hipotético SDDR valenciano es el tratamiento de los envases de agua. En la imagen pueden verse dos de los envases de agua más comunes: la botella pequeña, que la gente suele llevar por la calle a menudo, y la botella de 6,5 litros tan frecuente para el consumo en casa, sobre todo en Valencia. Todos sabemos que un envase pequeño sale más caro que uno grande, y de hecho este es un buen ejemplo; si ambos envases son de marca blanca (los de menor precio) y comprados en un supermercado, el litro de agua en el envase grande puede costar diez céntimos y en botella pequeña unos treinta. Hasta ahí, todo razonable. Pero ¿qué pasaría si se introdujera el nuevo sistema de recogida en la región?

img_3246

Muy sencillo: al comprar la botella pequeña habría que dejarse diez céntimos más en la tienda, y el funcionamiento del sistema se llevaría otros seis. Total: en lugar de 30 céntimos el litro , el sufrido valenciano tendría que pagar el litro de agua a 62 céntimos, un 102% más, casi lo mismo que le costaría la garrafa de 6,5 litros (que no tendría que pagar depósito porque no cabe en las máquinas que les quieren colocar a los sufridos valencianos a 25.000€ la unidad). Como no es probable que decidieran salir a pasear con una garrafa de 6,5 litros, le propongo hacerse aguador: montar un servicio ambulante de relleno y sacarle otros 50 céntimos de beneficio a cada garrafa. Si le parece absurdo, estudie a fondo el sistema que se quiere imponer y compare, por favor.

El revival de una encuesta dirigida de 2011 marca el comienzo de la nueva temporada de promoción del SDDR

Hace algunas semanas la asociación valenciana de consumidores AVACU ha decidido llevar a cabo una encuesta entre los consumidores para conocer el grado de conocimiento, las ventajas e inconvenientes y su opinión sobre la posible implantación del SDDR en esta comunidad autónoma. Una buena iniciativa de esta asociación valenciana, una encuesta viva, de 22 preguntas, y después de leerla atentamente llegamos a la conclusión de que representa un intento muy razonable y honesto de pulsar la opinión de los ciudadanos sobre un tema tan controvertido y que tanto ha dado que hablar en los últimos meses. Consiste en una serie de preguntas bastante equilibradas, sin tratar de dirigir al encuestado y planteando algunos de los temas con una apreciable objetividad.

El lector puede comprobar el contenido simplemente entrando en la página que la contiene: https://es.surveymonkey.com/r/AVACU_SDDR2

Este intento de conocer de buena fe la opinión de los valencianos ha debido hacer sonar todas las alarmas en la mesa de los promotores del SDDR, y de modo sorprendente la propaganda de estos mismos promotores en redes sociales nos está inundando en los últimos días de tweets que están tratando de condicionar a los encuestados, mediante la repetición de las conclusiones de una encuesta realizada en 2011, resultados que también es fácil repasar leyendo el informe de aquel estudio. Si ahora los ciudadanos saben poco del SDDR, sorprenden aún más las conclusiones de aquel estudio realizado cuando realmente casi nadie había oído hablar del sistema. Haciendo memoria sobre lo que se publicó en aquella ocasión hemos repasado las preguntas que se hicieron, y la forma en que se hicieron. Hasta yo mismo habría contestado y apoyado el sistema si me hubieran hecho aquellas preguntas en frío sin conocer nada del asunto. Lo mejor es que recordemos las preguntas y que el lector saque sus propias conclusiones.

En primer lugar se presenta el sistema como un método en funcionamiento satisfactorio en otros países que se quiere traer a España. Por supuesto no se indica en ningún sitio que es un sistema para recuperar algunos envases de algunas bebidas. Vean:

P9       A continuación vamos a referirnos a un sistema de tratamiento de envases de bebidas que ya existe en varios países y que también se quiere implantar en España. Se trata de un sistema en el que los consumidores pagan un depósito de 25 céntimos al comprar un envase que contenga bebidas. El dinero del depósito se recupera íntegramente al devolver el envase en cualquier comercio que venda bebidas y los comercios lo clasifican y lo entregan para su reciclado. ¿conocía usted aunque sólo fuera de oídas este sistema de recogida y tratamiento de los envases de bebidas?

Muy interesante es la siguiente pregunta, en la que se reflejan una serie de inconvenientes y ventajas que supuestamente se atribuyen al sistema. Es sin duda la quintaesencia del sesgo, y también mi preferida. No se pierdan la diferencia entre unos (P10) y y otras (P11):

P10     A continuación voy a ir mencionando una serie de inconvenientes que otras personas han señalado que tiene este sistema de recogida y tratamiento de los envases de bebidas. Dígame, por favor, en qué medida considera usted que es importante cada uno de esos inconvenientes del sistema, señalando una puntuación de 0 (nada importante) a 10 (muy importante)

  1. tener que pagar el depósito de unos céntimos para después recuperarlos si se devuelven los envases
  2. tener que almacenar los envases en casa hasta la devolución
  3.  tener que llevarlos a los puntos de venta

ieP11 A continuación voy a mencionar una serie de ventajas o beneficios que otras personas han señalado que tiene este sistema de recogida y tratamiento de envases de bebidas. En qué medida es importante de 0 (nada) a 10 (muy importante)

  1. reducir la cantidad de basura en general
  2. reducir las basuras en parques, calles, espacios públicos o en el campo o playas o el mar
  3. Ahorrar energía, materiales empleados en la v fabricación de envases
  4. reducir la cantidad de basuras que va a vertedero o se incinera
  5. concienciar y estimular a la gente para que se preocupe más por reciclar
  6. Creación de puestos de trabajo
  7. reducir las emisiones de CO2

En la siguiente pregunta se lleva al encuestado a creer que el SDDR es un sistema para envases reutilizables (que no es el caso). No se lo pierdan:

P 12    Dígame si está de acuerdo o en desacuerdo con las siguientes afirmaciones

Guardar y manejar los envases vacíos es antithigiénico

Reutilizar los envases de bebidas produce la sensación de que nos hemos empobrecido

Un sistema como éste nos acerca a sociedades más avanzadas en el respeto al medio ambiente

De aquí hay que valorar si las ventajas superan a los inconvenientes, los inconvenientes superan a las ventajas o tiene un peso similar. (recuerde lo que eran ventajas y lo que eran inconvenientes, por favor)

P13     Considerando las ventajas por una parte y los inconvenientes usted diría que las ventajas superan a los inconvenientes, los inconvenientes a las ventajas o son similares

P14     Si este nuevo sistema de tratamiento de los envases de bebidas se implantara en España lo adoptaría o colaboraría con él?

Es interesante la pregunta siguiente, sobre qué importe del depósito llevará a colaborar o ignorar el sistema.

P15     ¿Cual seria para usted el importe del depósito por el que le merecería la pena molestarse en devolver los envases y que no le resultaría excesivamente alto a la hora de pagarlo?

Las preguntas van desde 5 céntimos hasta más de 30, y los consumidores llegan a 16 céntimos. Es interesante recordar que el sistema se plantea originalmente con un depósito de 25 céntimos, pero ahora en Valencia se plantea como uno de diez céntimos. Esas diferencias no parecen preocupar a los vendedores del sistema.

Las tres siguientes preguntas tampoco tienen desperdicio: llevan de nuevo al encuestado a recordar sus innegables ventajas; con este planteamiento ¿se habría atrevido a contestar otra cosa?:

P 16    Dígame si este sistema de tratamiento de los envases de bebidas es mejor, igual o peor que el actual en los aspectos siguientes:

Contribución a mantener el entorno mas limpio

Ahorro de energía y materiales en la fabricación de envases

Concienciación y estímulo para que los ciudadanos se comprometan más con el reciclaje

y reutilización de los envases

Coste económico del tratameinto de envases

P 17    En general ¿qué valoración le merece el sistema actual de recogida y tratamiento de los envases de bebidas?

P 18    Y el nuevo sistema que se pretende implantar?

Por cierto, el informe completo está disponible en la red (ver debajo). Amigo lector, vistas las preguntas, espero que , como a mí, no le sorprendan las respuestas, que puede leer en la propaganda oficial. Juzgue usted mismo.

http://www.retorna.org/mm/files/InformeEncuestaSDDR.pdf

 

 

 

 

Que no nos engañen: la ONU no nos recomienda el SDDR

El documento recientemente dado a conocer por PNUMA sobre residuos plásticos en el mar* es, ante todo, un riguroso trabajo científico y una importante contribución al conocimiento de la situación de los residuos plásticos y en particular los microplásticos en los océanos. Una ocasión que los promotores del SDDR en la Comunidad Valenciana han aprovechado para afirmar que la ONU está a favor del SDDR, lo que a su vez constituye una ofensa a la inteligencia del ciudadano. Para empezar, porque el propio documento indica que el contenido no representa la posición ni la política del Programa Ambiental de las Naciones Unidas. En realidad, ni siquiera sería necesario este artículo para desmentir que la ONU respalde el sistema de que vamos a hablar, pero dado que el informe contiene una información muy detallada y abundante, y por respeto a la gran cantidad de profesionales, organismos y revisores que han intervenido en él,  me gustaría invitar al lector interesado en estos temas a que dedique un tiempo a su estudio.

Las alegaciones formuladas por los promotores del sistema, en este caso, tienen un patrón bien definido: se cita un trabajo respetable, y se le atribuye un contenido que no tiene, en la esperanza de que nadie acuda a la fuente original; práctica habitual – y de sobra conocida entre la comunidad científica – de organizaciones que basan su posicionamiento público en postulados pseudocientíficos.

Un informe tan extenso ni se puede resumir en cuatro párrafos, ni lo pretendemos, pero me gustaría resaltar que la situación que refleja el estudio tiene que ver en su mayor parte con regiones en vías de desarrollo, donde aún no hay sistemas de gestión, de alcance general, de todo tipo de residuos y específicamente de envases ligeros como los que entrarían en un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR). Según este documento China, Indonesia, Filipinas, Sri Lanka y Vietnam representarían más del 50% de los plásticos incorrectamente gestionados, y entre los cincuenta peores lugares de vertido incontrolado no se encontraría ninguno de Europa Occidental ni Estados Unidos. Reconociendo que hay toda una serie de riesgos por valorar, el estudio también recuerda que no existe una relación probada mediante análisis de riesgo entre los microplásticos y la salud humana.

Los 15 mensajes clave de este documento ponen el acento, en primer lugar, en la necesidad de medir adecuadamente el origen de dichos materiales, pero sobre todo en la necesidad de gestionar adecuadamente los residuos empezando por implantar sistemas de limpieza y contenerización, sin dejar de lado aspectos como la educación. Según el mismo informe, si en China el 75% del plástico se gestiona incorrectamente, en la  Europa de los 27 + Noruega esa cifra es inferior al 2%. De los objetos visibles flotantes, la media de distintas observaciones en todos los océanos, el 70% en peso correspondía a objetos relacionados con la pesca, 8% a objetos relacionados con el almacenamiento del pescado-cajas sobre todo-, 15% otros recipientes  y 4,9% botellas de todo tipo. Entre los plásticos encontrados en el ambiente marino, según el mismo documento, prácticamente no se encuentra el único plástico que entraría en el SDDR si se implantara en España. En otras partes del documento también se refleja que estudios realizados en Alemania, Dinamarca y Noruega reflejan que la principal fuente de microplásticos en Europa  es el polvo de los neumáticos. Sirva esto para recordar que, siendo un problema muy importante, la relación entre el problema ambiental de los microplásticos y los envases de bebidas es absolutamente marginal.

Por lo que respecta al SDDR, sistema que efectivamente menciona el documento, cuando describe con carácter general cómo pasar a la acción hacia esa Economía Circular lo incluye en un conjunto de posibilidades entre las que se encuentran, además la recuperación de energía, la reducción del consumo, la utilización del Principio de Precaución, la mejora de la gobernabilidad, la participación de los interesados, las asociaciones público-privadas, la responsabilidad ampliada del productor, el análisis del ciclo de vida y muchas otras herramientas.

También recuerda que, si se considera necesario actuar, las medidas deben ser proporcionales al nivel de protección elegido; no discriminatorias en su aplicación; coherentes con medidas similares ya adoptadas y basadas en un examen de los beneficios y costes de la acción o falta de acción incluyendo, cuando sea apropiado y factible, una valoración rigurosa de la relación coste económico / beneficio. Circunstancias que ni de lejos se dan en la propuesta que está circulando por la Comunidad Valenciana

Entrando algo más a analizar las menciones al SDDR, hay tres ejemplos en función de la escala: Ecuador (nacional), California (sub-nacional) y una escuela de Australia. Los tres ejemplos mencionados representan ámbitos geográficos en los que no hay implantado un sistema global, generalizado y bien asentado que permita el reciclado de todos los envases domésticos (como sucede en España y en particular en la Comunidad Valenciana).

Puede que el SDDR se considere una medida efectiva para luchar contra el littering marino producido por los envases de bebidas en un lugar donde no haya ningún mecanismo de gestión de envases debidamente implantado para tal fin. En tal caso, implantar un sistema que obligue al ciudadano a participar mediante el cobro de una fianza puede ser algo que evite que los envases sometidos a dicho sistema lleguen al mar, sin introducir distorsiones en otros flujos de recuperación de residuos puesto que no los hay. Lo que está muy claro es que si sólo se recuperan un par de envases de bebidas y para el resto no hay sistemas de recuperación en funcionamiento, el problema general de cualquier tipo de residuos en el mar será considerablemente mayor.

Por otra parte, si existe un programa de reciclado público-privado, autorizado e impulsado durante lustros por la administración, que impulsa medidas de prevención y fomenta la educación ambiental y la sensibilización, que garantiza el acceso de toda la población al reciclado de todos los envases, hay que estudiar muy bien los efectos que puede producir en él la introducción de un sistema obligatorio como el SDDR. No en vano la Corte de Justicia de la UE ya se pronunció sobre la imposición obligatoria de SDDR diciendo que, debido a sus graves y variadas consecuencias, el estado miembro que desee imponerlo debe justificar estrictamente su necesidad, idoneidad y proporcionalidad.

En resumen, ni la ONU habla, ni mucho menos propone, que el SDDR sea la solución en países de nuestro entorno.

*Marine plastic debris and microplastics – Global lessons and research to inspire action and guide policy change. United Nations Environment Programme, Nairobi. (Documento realizado con la contribución financiera del gobierno de Noruega).

©United Nations Environment Programme. http://bit.ly/25aWCmE

 

¿Añoras volver a retornar los envases? Reconócelo, nunca devolviste uno.

Seamos serios: la mayor parte de los que añoran volver a devolver los envases nunca devolvieron uno en una tienda -es ley de vida- y los que más vociferan sobre el asunto, les guste o no, no habían nacido cuando se devolvía el casco. Así que me gustaría hacer un mini recorrido histórico de cómo evolucionó lo de retornar los envases en la tienda. Por ley de vida puedo asegurar que yo sí lo hice.

Allá por los años cincuenta del siglo XX, prácticamente la única bebida envasada que se consumía en el hogar era el vino que, por supuesto, las bodegas que tenían una reputación que mantener nunca vendieron en envase reutilizable; no obstante la mayor parte de las familias lo compraban en la bodega a granel: iban con su botella, la llenaban y una vez terminado la lavaban para ir a buscar más vino.

Los más pudientes se permitían tener en casa agua mineral, pero los pocos que consumían agua embotellada en casa tenían también servicio, que se ocupaba de traerla y después devolver el casco. Prácticamente la única bebida comercial envasada que se consumía en el hogar  en envase reutilizable de manera regular era la leche, que también repartían – y recogían posteriormente, al igual que el yogur – las compañías distribuidoras. El yogur – el único tipo que había, y que había que consumir rápidamente- se distribuía en uno de los más icónicos envases reutilizables: el famoso tarro de loza tapado con papel de celofán y sellado con una gomita que encajaba en una hendidura superior, como puede verse en la figura. tarro de yogur Poch 1953

pok

Anuncio y tarro de loza de yogur de 1953

Ese “reparto diario a domicilio, con su pedido de leche” es ni más ni menos tal como se distribuyen hoy día las bebidas en envase reutilizable en la  hostelería. ¡Qué tiempos, año 1953, en el que la esperanza de vida al nacer de los hombres en España era de 61 años, y la de las mujeres de 65!

De todas formas la leche se compraba preferentemente a granel, con una lechera (había que hervirla al llegar a casa, ya que no solía tener condiciones sanitarias de fiar) .

Tampoco había refrescos (el más popular de todos tuvo que esperar a que se levantara el embargo posterior a la guerra civil para llegar a España), por lo que prácticamente el único refresco disponible era la gaseosa, a la que llamábamos limón. Ese limón no se llevaba a casa, sino que se consumía en bares o merenderos, y además se servía en botellas de cava recuperadas. En cada pueblo había una fábrica de gaseosa, y, como sabe cualquier aficionado al estudio del análisis del ciclo de vida de productos, aquella opción de envasado (muchos viajes cortos)  era la más adecuada en ese contexto.

Posteriormente llegó la marca más famosa -el nombre por el que se sigue llamando a cualquier gaseosa- con su botella de tapón de porcelana, clip y goma, que supuso una auténtica revolución. El depósito que se pagaba sobre el casco valía unas seis veces el importe del producto, y la rotura de una de aquellas botellas (como se por experiencia) podía considerarse un drama merecedor de quedarse sin salir un par de semanas. También era raro consumir cerveza en casa, por lo que la cerveza de barril era absolutamente hegemónica.

Más adelante apareció la distribución moderna y pudimos tener en casa variedad de productos, incluso al principio había también la opción de llevarse algunas bebidas a casa en envase reutilizable, que hacía un suplicio tener que llevar de vuelta al supermercado una cantidad tan grande de pesados envases; nos pusimos a reciclarlos y se acabó la historia.

Así que sería interesante, al ver cuánta gente añora épocas que no vivió, si los que echan de menos devolver el casco quieren volver a la época del embargo, la de la lechera para luego hervir la leche en casa, la epoca en que los productos disponibles eran el yogur de loza – un sólo sabor, por supuesto- o la leche de corta duración, porque algunas décadas más tarde yo prefiero envases seguros y reciclables en destino, del tamaño adecuado y con la variedad de tipos y sabores adecuada a mi necesidad de consumo, que me garanticen la seguridad alimentaria y trazabilidad del producto, respaldada por la responsabilidad del envasador que lo produce.