Hoy, por primera vez, he comprado muchas bolsas de plástico

Hace años que muchas organizaciones y particulares escriben o se manifiestan activamente en contra de las bolsas de plástico, confundiendo el mal uso que se hace de algunos recursos con su supuesta peligrosidad para el medio ambiente. A esa tendencia a culpar de todos los males al plástico, yo la llamo plasticofobia. Una advertencia: mi campo de especialización son los metales, por lo que no se le ocurra acusarme de arrimar el ascua a mi sardina.

La cuestión es que cualquier material de cualquier tipo que se utiice en gran cantidad corre el riesgo de abandonarse indiscriminadamente, y precisamente el plástico es un material (en realidad una larguísima familia de materiales) que, debido a sus multiples aplicaciones tienen esa característica: son prácticos. cómodos, tienen innumerables aplicaciones y además son baratos.

Hace algunos años, con el desarrollo del comercio moderno la gente desarrolló nuevos hábitos de compra; se acostumbró a ir a la compra sin bolsa (o capacho, como se decía antes); se compraba de paso que se hacía otra actividad, al volver a casa del trabajo, en tiendas grandes, pequeñas o medianas, en tiendas de conveniencia o en cualquier otro establecimiento. Eso hizo que los comercios ofrecieran a sus clientes bolsas de plástico  para llevar su compra. Esas bolsas son ligeras, baratas y resistentes, y la mayor parte de los clientes las utilizaba después para otros usos. Desde llevar la comida al trabajo, a usarla como envoltorio para cualquier aplicación. Las personas mayores que vivne solas y consumen poco se fueron acostumbrando a utilizarlas como bolsas de basura, evitando así comprar bolsas de gran tamaño que podían tardar varios días en llenarse con las consiguientes molestias, y además que pesan bastante una vez llenas para una persona de avanzada edad. Bajar una pequeña bolsa con algunos restos se convirtió así en un hábito higiénico para muchas personas. Algunas personas las aprovechaban para recoger los restos que sus perros dejaban en la calle al salir a pasear.

Con la llegada de la recogida selectiva, especialmente el contenedor amarillo para envases ligeros, las bolsas de supermercado tenían un tamaño bastante adecuado para guardar los envases vacíos que se llevan a dicho contenedor. Se pusieron de moda unos prácticos contenedores semicirculares que había en todas las cocinas, donde se metían por arriba las bolsas usadas al vaciar la compra y se iban sacando por una ranura según se iban necesitando para un nuevo uso. Esa operación se llama reutilización, algo que encanta a los verdes.

De los miles de objetos que se vierten indiscriminadamente, y de los que, como todo el mundo sabe la mayor proporción consiste en colillas apagadas y pegotes de chicle, seguido bastante de cerca sobre todo en las ciudades por octavillas publicitarias y bolsas voladoras de aperitivos o chucherías, las organizaciones ambientales han decidido que hay dos tipos que son especialmente dañinos: los envases de élite (latas y -como no- plástico PET) de algunas bebidas, de las que he hablado mucho en este blog en relación con la campaña de marketing sobre SDDR que una hipotética ONG viene desarrollando hace algunos años, y las bolsas de plástico, el tema de hoy.

La campaña en contra de las bolsas de plástico ha sido verdaderamente feroz. Hay quien pide una Europa libre de bolsas de plástico (lo que no es de extrañar, también hay quien pide una Europa libre de transgénicos, en contra del menor sentido común y del desarrollo científico) se convocan días sin bolsas de plástico, incluso hay quien presume de vivir sin plástico – por cierto, posicionamiento que se deja atrás al cruzar la puerta de entrada de un hospital, que con la salud no se juega- como si la humilde bolsa de camiseta que nos dan (nos daban) en los supermercados tuviese la culpa de todos los males del planeta. El comercio reaccionó con bastante buen criterio, y se acordó cobrar una pequeña cantidad, unos 5 céntimos de euro, por cada bolsa, con lo que se ha reducido espectacularmente el consumo, del orden del 80% en España, se ha frenado el consumo innecesario y ahora todos salimos de casa o llevamos en nuestro coche un montón de bolsas de plástico mucho más grandes y pesadas, eso sí reutilizables (como las otras, vamos, pero más veces) y que no llevamos si vamos andando con lo que acabamos comprando nuevas bolsas reutilizables, bolsas de un solo uso, pero ahora más pesadas, con lo que consumimos más plástico etc: ahora si que vamos cargados de plástico a todas partes.

Pero esa reducción no es suficiente para los más militantes: hay que prohibirlas definitivamente, según ellos. La cruzada contra la bolsa de plástico sigue, a pesar de que en todos los establecimientos se utiliza un montón  de ellas para montones de productos que no nos pueden dar en la mano, sea piezas de fruta, cereales, frutos secos, carne, pescado, etc. Pero no hay problema. contra esas otras bolsas no va la batalla. Sólo se combaten las tradicionales bolsas que nos hacen la vida más fácil.

¿ Y qué le ha pasado a los pobres ancianos que antes se apañaban con las bolsas de supermercado ? Pues que ahora tienen que comprar bolsas de basura. La venta de bolsas de basura ha aumentado un 10% aproximadamente desde que se ataca sin piedad a las bolsas de supermercado. También ha aumentado la venta de bolsas para detritus de perros, y otros varios usos, con lo que nos queda la duda de si habrá sido la propia industria la que ha impulsado la prohibición, pero no nos parece razonable.

Así que, aprovechando que en vacaciones hay algo más de consumo de bebidas y hago más viajes que el resto del año al contenedor amarillo, se me planteó la duda de qué hacer. Si en el supermercado no me dan bolsas o las tengo que pagar a cinco céntimos ¿Utilizo gruesas bolsas reutilizables que tendré que lavar, ya que los envases vacíos pueden soltar algo de líquido que atrae pequeños seres voladores (o caminantes) adicionales a los que pululan en tiempo de calor? Ya tengo un prensalatas para reducir el tamaño de las latas de bebidas, pliego los cartones de bebidas, y a difrencia de las botellas de agua más finas, difícilmente puedo aplastar los gruesos envases de PET para bebidas con gas. ¿qué hago para que esto no se convierta en mi principal preocupación veraniega?

Pues la solución era más sencilla de lo que yo imaginaba. Me he acercado a un bazar de esos que llaman “chinos” y he preguntado si vendían bolsas de plástico. He comprado dos paquetes, de dos tamaños distintos, de 250 bolsas cada uno, a bastante menos de un céntimo la unidad, y ya tengo el veraneo resuelto. Supongo que el próximo verano tendré que buscar otra solución, porque en cuanto se enteren los verdes seguro que consiguen, también, prohibirlas.

Madrid, libre de transgénicos: la película

Como asistente y modesto participante (desde el público) en este acalorado debate el pasado viernes, 17 de julio, en un estupendo palacete restaurado como centro cultural, el Casino de la Reina, en el centro de Madrid, me ha parecido oportuno subtitular así esta entrada, que igualmente podía haber apodado “el culebrón” “el desatino” o “sálvese quien pueda” – este último para no llamarlo directamente “sálvame” –

La propuesta de declaración de la ciudad como zona libre de transgénicos formulada por Ahora Madrid ya tiene un recorrido de algunas semanas, lo que nos llevó a bastantes asistentes a pensar que el acto del viernes nos habría permitido conocer en detalle una propuesta fundamentada y razonada, como se merece la ciudad que alberga al mayor número de centros académicos y de investigación del país, con una argumentación sólida, lo que nos llevaría a un debate serio. Eso esperábamos, a pesar de haber leído la argumentación de la larga convocatoria que amenazaba, como así fue, todo lo contrario.

Los convocantes, en nombre de Ahora Madrid, no sabían muy bien qué iban a defender; creo que se esperaban un público entregado que aplaudiría la iniciativa y, tal vez les proporcionara un titular del pelaje que les gusta a los ecologistas, algo así como “el pueblo de Madrid a favor de la declaración……” pero se encontraron con una audiencia crítica, que sí tenía formación en el tema, y que rebatió de uno en uno todos los argumentos expuestos. Para evitar repetir lo que han dicho ya con mayor detalle voces mucho mas autorizadas que la mía, indico al final otras entradas sobre este mismo evento. En resumen, la mayor parte de los asistentes salimos convencidos de que no hay una base fundamentada para seguir adelante con esta declaración.

En primer lugar, el título de la declaración es suficientemente vago y genérico como para no saber qué petición concreta contiene. Para algunos miembros de la mesa parecía que se trataba de evitar el consumo de sustancias presuntamente peligrosas, para otros era una cuestión democrática (ignorando que la hipotética toxicidad de determinadas sustancias no es algo que se pueda decidir por votación, sino que debe comprobarse sobre la base de un análisis de riesgo por expertos cualificados), para otros se trataba de proteger a los pequeños agricultores del poder económico de las multinacionales, en otras intervenciones se habló de la importancia de la agricultura de proximidad, de la agricultura ecológica, de agroquímicos, de patentes, de herbicidas y pesticidas, de glifosato, en definitiva se mezclaron toda una serie de argumentos; también se dijo que sólo se referían a cultivos alimentarios, no a otra sustancias útiles como la insulina y otros fármacos aceptando explícitamente que muchos OMG son claramente beneficiosos.

Es decir: no se sabía si la declaración era en contra de los OMG, en contra del modelo productivo, del sistema electoral o de la industria química en general.

De hecho, para mí no es más que, simplemente, una declaración política para intentar demostrar, esta vez con un fracaso de proporciones bíblicas, el poder de convocatoria de determinadas organizaciones ambientales.

Por otra parte había suficientes expertos en la sala, biotecnólogos e investigadores en la materia, que dejaron claro que para elaborar la citada declaración, aparte de no tener ningún fundamento científico, ni se había contado con expertos para su formulación ni tampoco se había acudido o consultado ningún organismo público de investigación competente en la materia para su preparación.

Así pues me gustaría rogar a la organización que, en caso de que continúen los debates sobre el tema, no se adopte dicha declaración sin contar con opiniones de científicos expertos. En el acto del viernes varios participantes estábamos en representación de ARP-SAPC, entidad sin ánimo de lucro  que fomenta el  pensamiento crítico y rebate las pseudociencias en todos los foros a los que llega, y me he permitido pedirle a la dirección de nuestra organización que ofrezca nuestra colaboración para que expertos tanto de entre nuestros miembros como de la comunidad científica puedan aportar documentación, información y datos para que Ahora Madrid no cometa el error de formular una opinión que vaya en contra del conocimiento científico, transmitiendo la impresión de que se guía por planteamientos pseudocientíficos, y sobre todo que no alarme innecesariamente a la opinión pública a la que dice representar.

A continuación reseño todas las entradas que he localizado sobre el mismo acto que podrán ampliar la información. La última que recojo sirve para conocer con razonable aproximación la posición que defendió la mesa.

http://cienciamasticada.blogspot.com.es/2015/07/debate-transgenicos-en-ahora-madrid.html

…Eso, ¿por qué deberíamos querer que Madrid sea Zona Libre de Transgénicos?    http://t.co/lshRVJTlzZ

Debate sobre la declaración de “Madrid Zona Libre de transgénicos”

http://t.co/LzE7u8UfxU

http://www.enchufa2.es/archives/debate-sobre-transgenicos-convocado-por-ahora-madrid.html

Y por fin, la postura más o menos de la mesa:

https://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/27387-debate-sobre-transgenicos-ciencia-conocimiento-y-democracia.html

More refillables for more jobs? here’s a different perspective

A recent (june 22) letter to the European Commissioner on the Environment from the policy officer of the European Environment Bureau entitled “Beverage packaging: European jobs and waste legislation in serious danger” raises a very interesting subject. According to that document, Europe should protect and promote reusable packaging (for beverages only, as for other goods apparently one way packaging is OK) as a way to prevent waste and also to protect jobs.

No rationale about the jobs argument, unfortunately, can be found in the letter. There are many examples where, going backwards in technological development, jobs can be created: for example, a shift from e-mail back to paper post, would create, among others, several thousand postmen jobs.

The letter is addressed in the context of the forthcoming Circular Economy Package. Circular Economy means reintroducing goods in the production cycle, namely among others ensuring the best possible recycling, exactly what we have been learning for more than twenty years of improving our collection, sorting and recycling methods to ensure that all – not only drinks- used packaging materials are processed in the best possible way.

Why drinks packaging only then? Perhaps the writers of the letter don’t realize how much waste is produced in Europe, and of that, how much comes from drinks packaging. Just to refresh their memory, roughly 10% of waste in Europe is municipal waste, and more or less one third of municipal waste is packaging waste. Depending on the country, some 40% of that might be glass packaging, and the other 60% light packaging. Between 5 and 10% of light packaging and roughly 50% of glass packaging are drinks packaging. Of all used packaging generated, drinks packaging are by far the most recycled packaging simply by technological reasons: the higher the volume to weight fraction, the higher the efficiency of the sorting systems; on the other hand most countries don’t have separate statistics on how much drinks packaging are recycled, so no one can claim how much a new system could improve drinks packaging recycling vs the current systems.

From the above data we can deduct that if w is the amount of waste, non recycled drinks packaging at most could be less than 0.025%w. That amount thus does not seem to show to be the reason for the alarm.

If the amount of waste is not the reason, another reason might be the apparently more favorable environmental credentials of refillable packaging vs one way packaging. That has also been a long debate, and all experts agree that it is basically something which has to do with number of trips and transport distance: the longer the distance, the more favourable it is for one-way, especially light packaging. The energy cost of transporting a refillable container for every cycle is around twenty times the cost of transporting a one-way container for the same amount of drink delivered. Distance is the key.

Number of trips is another story. Organizations who promote that, have never been able to show with factual information that a refillable bottle can do 50 trips. No need for that, in fact those organizations don’t have to prove their claims.

In any case there is a very developed scientific discipline, Life Cycle Analysis (LCA) which can be used to ascertain the differences, but by the way is seldom used by organizations promoting refillables. This could be the golden opportunity to do it.

Local products are another argument. If you are a small bottler you can only fill bottles. All your production of one year could be filled in half a morning in a modern can filling line at a very small cost, for example. Thus if you want want to produce a small amount of eg only local beer, not only refillables are preferable, they are your only choice.

Many of the organizations who back this letter have a common characteristic: they support deposit and return systems (DRS) for drinks packaging. Does it mean that promoting DRS is equivalent to promoting refillable drinks packaging?

Quite the opposite. Since DRS were implemented in the nordic countries and Germany, the share of refillable drinks packaging has constantly diminished. In Germany some 30 percentage points from 2003 to now, in Denmark 31 percentage points between 2008 and 2013, in Finland packaged beer went from 90% refillables to around 10% in only seven years, in Norway packaged beer had a refillable share of 100% in 2000, 44% in 2000, and only 17,5% in 2013.

The emotional argument the DRS promoters use is that with DRS we will bring back the bottle to refill “as our parents did”, but DRS, in fact, has been the smart way to get rid of refillables.

Debate científico ¿una vez más, sin ciencia? Ánimo, Mulet

Por enésima vez asistimos a una historia truculenta con base pseudocientífica -en esta ocasión ha ocurrido en Argentina, pero no hablamos del país sino de las personas que lo han organizado – por los promotores de una campaña en contra de las intervenciones de José Miguel Mulet, bioquímico español y conocido divulgador científico que en los últimos meses ha publicado dos interesantes libros “Medicina sin engaños” y “Comer sin miedo” en los que aborda con rigor la interminable cantidad de mentiras y mitos que hay alrededor de la salud y la alimentación, respectivamente. Antes de seguir quiero enviar mi apoyo a la labor que con tanto acierto está desarrollando a (por ahora) ambos lados del atlántico.

Más allá de los hechos concretos, que esta vez, al parecer, han incorporado como novedad amenazas de muerte, vuelve a manifestarse el estilo con el que personas y organizaciones han hecho de la alarma y el catastrofismo gratuíto su modo de vida. Aquí lamentablemente también coexistimos con unos cuantos ejemplares.

En estos ataques a J.M. Mulet, como no podía ser menos, volvieron a salir toda una serie de coletillas, cuando los organizadores de los escraches y amenazas trataron de explicarse en una carta abierta. Como él con muy buen criterio no los va  a contestar, me he permitido este modesto recordatorio de lo que el colectivo descerebrado considera ciencia.

Por una parte, hay que intentar alarmar lo más posible a la población, bajo la excusa de una serie de peligros, generalmente imaginarios, y con frecuencia asociados a la denostada industria química, que no es otra que la que convierte sustancias de distinta procedencia, natural o sintética, en sustancias con una composición y propiedades, definidas y controladas que en general son de utilidad para la humanidad. Muy sencillo y lógico, ya que nadie se arriesgaría a poner en juego su ingenio y su dinero para desarrollar sustancias inútiles. Pero eso no cuenta. Según estos nuevos apóstoles, el fin de la industria no sería otro que acelerar la natural desaparición de la humanidad que tendrá lugar, esperemos, en un momento muy lejano.

Por otra, hay que exhibir como verdades científicas una serie de publicaciones, artículos de prensa, charlas en ambientes favorables, tertulias, etc. Nunca se cita a los científicos o instituciones relevantes en la materia de que se trate, a las autoridades internacionales de seguridad alimentaria o agencias del medicamento, ni por supuesto a las revistas internacionales de prestigio, que es el lugar natural donde se publican los resultados de todo tipo de investigaciones, previo examen de otros expertos del área.

En el mundo científico, estos revisores o referees, formulan objeciones, interpelan a los autores y piden aclaraciones fundamentadas antes de aceptar una publicación con el fin de que, hasta donde se puede llegar, quede constancia de que el trabajo que se pretende publicar se ha desarrollado teniendo en cuenta el conocimiento científico anterior, y, a ser posible, que los resultados de las investigaciones o experimentos se explican con la claridad suficiente para que otros grupos de investigación puedan verificar la exactitud o precisión de los resultados replicándolos en sus propios laboratorios. Así se hace la ciencia, pero los nuevos apóstoles no están interesados en el método científico. ¿Para qué acudir a las complicadas revistas internacionales cuando el tema – es decir, el peligro- es de sobra conocido?

De nuevo aparecen, como hemos citado en otras ocasiones, conceptos como el principio de precaución. Es una de las coletillas favoritas: prohibamos algo por si fuera peligroso, a no ser que podamos demostrar que no lo es. Pero eso no es posible. No podemos demostrar que el agua que bebemos no tiene arsénico. Podemos comprobar que tiene menos que el que detecta nuestro instrumento más preciso, y que para ese nivel no se ha demostrado ningún efecto nocivo, pero nada más. Es algo complicado de entender, sobre todo para los que no quieren entrar en el rigor del debate científico sino imponer sus creencias.

En fin, sólo nos queda esperar la próxima ocurrencia de los enemigos del rigor y el conocimiento científico. Seguro que ya la están preparando, pero con un poco de suerte esperemos que no venga esta vez con amenazas de muerte. ¡Ánimo, Mulet!


Vienen elecciones: el SDDR ataca de nuevo

Hace pocos días, un artículo de Amigos de la Tierra en una revista del sector de la recuperación recogía conclusiones de un grupo de entidades ecologistas de Madrid, y hacía una serie de propuestas, algunas muy interesantes, sobre la necesidad de mejorar todos los ámbitos de la gestión de residuos. De los primeros párrafos destaco la necesidad, con la que no podíamos estar más de acuerdo, de rigor en el análisis de datos “se plantea la aplicación total de la responsabilidad ampliada del productor y un cálculo real y transparente de los porcentajes de puesta en el mercado, recogida y reciclaje” 

Es interesante señalar que esta frase sigue a otra en la que una vez más apuestan por el famoso sistema de depósito de envases (SDDR): “Incremento del reciclaje de envases ligeros, vidrio y papel/cartón hasta el 80%, y empleo de herramientas, como sistemas de depósito y devolución para envases de bebidas, que alcanzan porcentajes del 98%”

En Alemania, referencia de las organizaciones ecologistas, o en Noruega, de donde vienen las máquinas que nos quieren vender, el sistema de depósito recicla algo menos del 3% de los envases consumidos, y no el 98%. ¿dónde está ese rigor en los porcentajes que se reclama?

Los SDDR son a menudo el paradigma de los sistemas opacos ¿deberíamos llamarlos sddr black, como unas tarjetas de las que se viene hablando insistentemente? no sabemos cuáles son sus cuentas, cuánto ingresan, cuánto devuelven, si todo lo que reciclan pagó antes un depósito (algunos países aceptan envases que no pagaron depósito aunque no hagan devolución de dinero), en definitiva, ¿cuánto le cuesta a cada ciudadano, en céntimos por envase, que en su país haya en funcionamiento un SDDR? ¿será ésto a lo que se referían al decir “un cálculo real y transparente de los porcentajes de puesta en el mercado, recogida y reciclaje” ?.

Después de rebatir desde todos los sectores de la industria y el comercio, en todo tipo de foros, publicaciones, radio y TV, con todo tipo de datos y cifras, en su mayor parte información de carácter oficial y pública, uno por uno, todos los argumentos con los que se ha tratado de introducir el sistema SDDR en España desde hace casi cinco años, los promotores del sistema han iniciado una nueva ofensiva para su introducción. Voy a tratar de analizar esta campaña.

El motivo, obviamente, es económico. Si finalmente se monta el negocio del SDDR en España, los españoles pasaremos a pagar algunos céntimos de más en cada bebida envasada, para que nos cueste tres veces más el reciclado de envases, de los aproximadamente 500 millones de euros actuales a 1500. Sacarle esos mil millones adicionales a los consumidores sin duda merece un nuevo esfuerzo de marketing.

La necesidad de esta nueva ofensiva tiene un origen claro. El problema con el que se encontraban los promotores es que buena parte de quienes estaban al frente de organismos, institutos, incluso algunos medios de comunicación, servidores públicos, etc, ya habían analizado la cuestión, habían hecho los números y por tanto habían entendido que la propuesta era una auténtica barbaridad. Parece que la racionalidad ha tardado en llegar, decíamos, pero al final se ha impuesto el sentido común.

Si el sistema no tiene viabilidad, es lógico que la ofensiva comercial que estaba detrás de la cosa dejara de invertir en España, porque la posibilidad de retorno de esa inversión se desvanecía. La reflexión que ha llevado a volver a lanzar una nueva ofensiva, entonces, se tiene que volver a analizar a partir de la situación de confusión generalizada que se ha generado con el incierto panorama electoral que nos espera, y sobre todo en el hecho de que en muchos puestos clave, las personas que ahora los ocupan no fueron sometidos en su momento a las presiones anteriores para que aceptaran el sistema; en definitiva: como no se puede engañar a los mismos todo el tiempo, es el momento de intentar engañar a los nuevos, sean estos políticos, funcionarios, legisladores actuales o próximos, etc. un ratito, al menos hasta las próximas elecciones. De hecho, algunos ya lo han incluido en sus propuestas electorales.

Esta nueva etapa empieza de un modo bastante parecido a como lo hizo la anterior; de hecho gran parte de las cifras que se utilizaban (prácticamente todas falsas) sobre reciclado, mezclando residuos con envases y envases con envases de bebidas, se siguen empleando. Llama la atención que uno de los argumentos que se empleaban – que el sistema estaba en vigor en cuarenta países, luego matizado a paises y regiones, en este breve período en el que sólo se ha implantado en un sitio nuevo (Estonia, 1,3 millones de habitantes y presa fácil para el negocio) ha pasado a estar implantado en ochenta paises y regiones. En un post anterior* yo había rebajado los cuarenta países a poco más de siete y medio,  es decir, ahora el reto es bajar de ochenta a – como en la película de Fellini- ocho y medio.

El resto de los argumentos parece ser el mismo.

En los cinco años que llevan intentándonos convencer de que los envases no se reciclan reciclamos casi quince puntos más.

En los cinco años en que dicen que las latas no se recuperan ya hemos superado el 90% de reciclado en todos los envases de acero, el 87% en las latas de bebidas y el 84% en todos los envases metálicos.

En los cinco años que llevan diciendo que con el SDDR se va a volver a introducir el envase reutilizable para el consumo doméstico (devolver el casco como antes), en el conjunto de los países nórdicos y Alemania el envase reutilizable ha visto reducirse su cuota de mercado para el consumo doméstico en casi veinte puntos.

En fin, será interesante ver cuántos incautos pican en esta renovada ofensiva

* https://ecothinktankma.wordpress.com/2013/01/28/los-cuarenta-paises-no-llegaban-a-siete-y-medio/

Bisfenol A: de repente, se hizo el silencio.

Hace pocos días EFSA, la autoridad europea de seguridad alimentaria, ha dado a conocer su informe  definitivo sobre Bisfenol A (BPA). Se trata de uno de los dictámenes científicos – scientific opinion en el lenguaje oficial de la institución- más esperados de los últimos años sobre uno de los temas más controvertidos en el ámbito de la seguridad alimentaria.

Pero después de su difusión se ha hecho el silencio. Una vez más se cumple el  “no news, good news”. La razón parece bastante clara si uno lee la conclusión que encabeza el dictamen: BPA no supone ningún riesgo para la salud de los consumidores de ningún grupo de edad (incluyendo los aún no nacidos, niños o adolescentes) a los niveles actuales de exposición (1). Después de ochenta y cinco años de debate, de una campaña feroz en contra de este precursor de algunos de los plásticos más comunes como policarbonatos o resinas epoxis utilzados prácticamente en todos los campos de actividad, por parte de una gran parte de los medios de comunicación, organizaciones ecologistas, grupos pseudocientíficos de diverso pelaje, vendedores de remedios milagrosos que lo mismo ofrecen cortinas para protegerse de las radiaciones de los teléfonos móviles, que promocionan la prohibición del wifi en las escuelas o abogan por la eliminación del famoso BPA, y expertos en la materia cuya labor científica se ha divulgado más en platós y convenciones verdes que en congresos de toxicología, resulta que el producto es seguro. Pero eso ya lo sabíamos. En realidad la humanidad siempre ha sabido, aunque de modo explícito la afirmación se atribuye al médico suizo Paracelso en el siglo XVI, que todas las sustancias son veneno, y que es la dosis la que las convierte en veneno.

Si la conclusión de esta historia hubiera sido la contraria, la mayor parte de los medios de comunicación traería grandes espacios dedicados al asunto. Los “expertos” estarían por los rincones impartiendo doctrina basada no en la ciencia sino en el “ya decía yo”, los medios ecologistas y agencias verdes no dejarían de clamar por la inmediata desaparición de todo lo que llevara BPA  (aproximadamente el 10% de los productos de consumo está relacionado de una u otra forma con esta sustancia).

Pero quedan secuelas, no de salud, sino económicas. Francia ha suspendido la comercialización del producto precisamente desde principio de este año desoyendo a las dos principles agencias de salud que hay en el mundo, EFSA y FDA, que llevan años revisando toda la literatura científica que se ha producido sobre el tema. Las fábricas francesas han tenido que sustituir los recubrimientos basados en BPA por otro tipo de sustancias cuya idoneidad no está garantizada, violando sus propias especificaciones que supeditaban la prohibición o, dicho de modo más fino, la suspensión del empleo, precisamente a certificar la idoneidad de las sustancias alternativas. Los consumidores franceses están ahora menos protegidos, los nuevos recubrimientos no están suficientemente probados, los productos envasados duran menos, algunos productos ni siquiera se pueden envasar con los nuevos recubrimientos, algunas compañías han dejado de exportar a Francia ante la necesidad de utilizar nuevas sustancias que no garantizan la duración, y la agencia francesa ANSES ha reconocido que “no utiliza los mismos métodos” para analizar los riesgos del producto. No será porque no se les ha advertido: nunca una sustancia ha sido tan estudiada para buscar unos peligros que no se han conseguido encontrar.

Lamentablemente, volvemos una vez más a conceptos pseudocientífcos: para algunos habría que demostrar que una sustancia no es peligrosa para no prohibirla, en lugar de identificar un riesgo ligado a una concentración para limitar su empleo. El mundo al revés. Hace unos días leí otra barbaridad, y espero que el que decía eso no de clase de religión, porque va a poner en riesgo la fe de sus alumnos: Dios existe porque no se puede demostrar científicamente que no existe.  Es como si dijésemos que hay vida en otros planetas o galaxias porque no se puede demostrar que no la haya. Yo creo que es perfectamente posible que haya vida en otros lugares, como es cierto también que posiblemente la humanidad no llegue a comprobarlo antes de desaparecer por completo de la faz de la tierra.

Sin duda los próximos meses vamos a asistir a cuestiones interesantes sobre la controversia del BPA, pero aunque se resuelva definitivamente no se preocupe, amigo lector, cualquier otra cuestión pseudocientífica se volverá a manifestar de la misma forma en un futuro no muy lejano.

(1) http://bit.ly/1urxtWS

Día de inocentes adelantado: los dos principales partidos españoles se alían para abrazar la pseudociencia

Me había propuesto cerrar el tenderete de comentarista medioambiental amateur hasta el año 2015, pero una vez que he podido (no sin esfuerzo) volver a encajar la mandíbula, ya dolorida por la lectura hace tan sólo dos días de un artículo de un abogado ambientalista en La Vanguardia de Barcelona sobre el peligro -sí, una vez más, aunque parezca increíble- del wifi y las antenas de telefonía, después de lo que acabo de leer, no me queda más remedio que dedicar unas letras a comentar la inocentada que nos han dedicado por adelantado Partido Popular y PSOE al sumarse a una moción pseudocientífica en el municipio de Castronuño, Valladolid, que expresa su rechazo a las estelas de vapor de agua que dejan los aviones al surcar los cielos castellanos, estelas que el lector no sabrá que en realidad contienen peligrosísimos venenos.

El primer sentimiento es de solidaridad con los ciudadanos de esta preciosa villa de 1.000 habitantes a orillas del Duero, por tener que sufrir en sus carnes el descrédito que esta moción podría acarrear a la localidad. Que no se preocupen, que no les vamos a echar la culpa. Son cosas de los políticos, es lo que tiene.

Estas fumigaciones se unen a la infinidad de cosas que nos están matando, a pesar de que los demógrafos se obstinen en contabilizar el aumento de la esperanza de vida que se viene produciendo sistemáticamente en nuestro país desde hace más de un siglo.

Para el divulgador científico Luis Alfonso Gámez, según el periódico El Confidencial donde aparece la noticia, este tipo de iniciativas sólo demuestra que los partidos no controlan a sus delegaciones territoriales. A falta de mejores cosas de qué ocuparse es hasta lógico que se abracen teorías conspiratorias; lo original es que esta vez lo hagan en el ámbito científico.

El esquema con el que se plantea esta supuesta conspiración tiene una semejanza casi total con el repertorio -tal vez deberíamos empezar a crear un hit parade de la pseudociencia- a que nos tienen acostumbrados diversas organizaciones del ámbito más o menos directamente relacionado con la ideología ecologista.

En este ranking imaginario hay una serie de temas más o menos permanentes- algunos recordados por Gámez- como los transgénicos, los anti-vacunas, los quimiófobos en general, a los que yo uno a los plasticófobos (por cierto plasticofobia es una palabra cuya paternidad me atribuyo) o los anti-radiaciones, a su vez divididos en anti- wifi y anti -telefónicos. Si hiláramos más fino a su vez habríamos de distinguir entre los quimiófobos a los detractores de los reales o supuestos disruptores endocrinos (como ya abordé en un post de no hace mucho) antifertilizantes y otros.

De las características comunes de todos estos casos la más importante es, desafortunadamente, el desprecio a la ciencia. Los partidarios de la conspiración tienen en común el desprecio al método científico, y en lo que respecta a los posibles riesgos para la población de determinadas actividades humanas la ignorancia de que, como parte de ese método científico hay una ciencia bien desarrollada que se conoce como análisis de riesgo. Hay otros elementos comunes entre los conspiranoicos y similares como la exigencia de que se demuestre la no existencia de alguna sustancia, o la certificación de que algo no produce un daño.

En este caso concreto, la ciencia nos dice que las estelas de los aviones son básicamente vapor de agua y CO2 que se hacen visibles cuando ese vapor se condensa en forma de hielo. Bastante simple. También nos dice que son inocuas. ¿Se imaginan al comandante de un vuelo comercial recibiendo un paquetito misterioso de una agencia internacional para que lo disperse en la estela de su Airbus y así envenene a unos cuantos habitantes del campo cercano a Castronuño?

Y en general, sobre las alarmas que tratan de circular, afortunadamente cada vez con menor credulidad de la población general, se suele cumplir en primer lugar que no responden a ningún hallazgo científico, después que suelen ser especialmente graves, y sobre todo que no se puede relacionar de manera fiable la supuesta causa con el supuesto efecto.

Lo más preocupante en este caso es que los partidos políticos abracen este tipo de mociones sin dedicarle el menor tiempo a su valoración, sin consultar a sus responsables técnicos, etc. En fin, supongamos, como dijimos al principio, que sólo sea el adelanto de las inocentadas de rigor.

Noticia sorprendente: un partido político en formación aplica el sentido común en un punto de su programa.

Sin entrar en ningún tipo de valoración política, me gustaría reproducir unas líneas del debate que este fin de semana está desarrollando una nueva organización política, que después de haber incluido en su programa para las elecciones europeas un punto a favor de una “declaración de la UE territorio libre de transgénicos” ha llevado a cabo una reflexión, se ha asesorado de científicos expertos en el tema, llegando a estas conclusiones:

Actualmente los transgénicos son utilizados en alimentación, medicamentos, etc.. como pueden ser la insulina para los diabéticos.

• En este debate hay que saber separar las “malas prácticas” de las multinacionales, de los grandes e inequívocos beneficios de los OMG y transgénicos.

• Daña a la investigación básica y elimina la posibilidad de aplicar esta tecnología con fines sociales

• Es vital que la investigación científica abarque todo lo posible. No investigar en transgénicos es cómo no investigar en energías renovables, es un contrasentido del siglo XXI. Se pueden crear nuevas variedades muy respetuosas con el M. Ambiente.

y ha acordado lo siguiente:

Modificar el punto 6.3 del programa de la europeas referente a los transgénicos (“declaración de la UE territorio libre de transgénicos”) ya que daña a la investigación básica y elimina la posibilidad de aplicar esta tecnología con fines sociales

• Apoyar los consorcios público-privados dedicados a la investigación y desarrollo de transgénicos con el objetivo de romper el monopolio de las grandes empresas y de mejorar el bienestar social .

• Apoyar que el estado sea el garante de la seguridad y salud de los ciudadanos y el medio ambiente frente a la utilización de los transgénicos, tomando las adecuadas medidas. Las administraciones públicas tendrán la obligación de regular los transgénicos mediante las correspondientes propuestas legales

• Sacar a debate la regulación de la propiedad intelectual de los transgénicos

• Promover la divulgación ciudadana sobre la tecnología de los transgénicos y sus efectos sobre la salud y el medio ambiente

• La administración debe asegurarse de controlar los posibles efectos de los transgénicos sobre la biodiversidad: pérdida de biodiversidad; efecto de la introducción de nuevas especies en el medio ambiente; contaminación genética por polinización cruzada; efecto de la resistencia en forma de plagas que conllevan un mayor consumo de herbicidas; desequilibrio entre depredadores y presas.

Simplemente, sorprendente

37ºC y sin frigorífico

Así es como nos encontramos a la vuelta de vacaciones precisamente en los días más calurosos del año en Madrid. Después de un verano en el que hemos tenido la tentación de dudar del calentamiento global (uno de los veranos más frescos en según que partes del país), ha habido que montar un gabinete de crisis con soluciones más propias de una estancia en un camping remoto que en un hogar razonablemente modernizado, para afrontar esta breve canícula sin el elemento más apreciado: tenía que ser precisamente en lo peor del verano.

Por hacerlo corto diré que el problema ya está resuelto, pero como uno está cada vez más concienciado de las cuestiones ambientales, hemos optado por mirar con detenimiento la etiqueta energética y otras informaciones del nuevo producto, (sí, el antiguo, con menos de tres años, ya no estaba en garantía y no tenía reparación posible) ¿obsolescencia programada o mala suerte pura y dura?

Una vez instalado y funcionando uno de los mejores modelos del mercado – marca, modelo y calificación energética que no revelaré por aquello de la neutralidad- me he puesto a ordenar los papeles: guardar la factura, por aquello de la garantía, la llave que acompaña, por si se desnivela, tomar nota de qué hay que hacer para extender la garantía, a la vista de la experiencia, y, como hacemos habitualmente en España, lo último ha sido mirar las instrucciones.

Sin duda unas instrucciones muy bien redactadas, claras y que voy a guardar con diligencia. Una vez archivado el folleto de instrucciones, que pesa 80 gramos, sólo me faltaba un último gesto medioambiental. He llevado con la misma diligencia al contenedor azul los 480 gramos de papel que suponen los seis libros adicionales de instrucciones en idiomas tan lejanos como el finlandés o el japonés.

 

Veinte años no es nada: ante los nuevos y viejos retos medioambientales

Aprovechando que hoy va a jugar Argentina la final del campeonato del mundo de fútbol, se me ha ocurrido empezar con la letra de un tango:  volver. Veinte años después de la adopción de la directiva europea de envases y residuos de envases  (que yo prefiero llamar envases usados) será otro año de gran actividad en el ámbito medioambiental. Dentro de nada, nuevo Congreso Nacional de Medio Ambiente ¿Habrá un nuevo intento de introducir, por el procedimiento del calzador, el debate, ya superado, del SDDR?

Sin duda el reto más importante es la revisión de la directiva europea de envases citada, cuyas líneas maestras se han avanzado hace unos días. Es importante recordar que esta directiva en sus orígenes tuvo entre sus objetivos evitar que se utilizaran argumentos medioambientales para impedir el libre movimiento de mercancías en la UE.

Conceptos como economía circular, responsabilidad del productor, quien contamina paga, etc, vuelven a salir del armario, pero casi nadie ha reparado en que en estos más de veinte años no hemos sido capaces de responder a las preguntas básicas ¿quién contamina? ¿quien produce los residuos, los vertidos, etc?.

Así que, una vez más, será para unos el año del reciclado, y para otros la oportunidad de apretar algo más las tuercas a la industria y al comercio -y por tanto a los consumidores- alrededor del consumo de envases y embalajes en todos los ámbitos de la vida actual. Si volvemos la vista atrás, la mayor parte de los sectores industriales vinculados al sector productivo del envase y embalaje creemos que se ha hecho un gran trabajo en las direcciones que nos marcamos en su momento, pero muy especialmente en las que están más en manos de la industria y el comercio: reducir, recuperar y reciclar los envases que se destinan, sobre todo, al consumo doméstico.

¿Cómo medimos esa reducción y ese reciclado? El primero, básicamente por la reducción del uso de materias primas, es decir, la reducción del peso de los envases. Desde que se comenzaron a fabricar latas de bebidas en España, hace poco más de treinta años, su peso ha disminuido el 40%. No es fácil encontrar muchos productos de consumo comparables. Eso quiere decir que hoy podemos contener una bebida a alta presión, como son la mayor parte de los refrescos y cerveza, protegida perfectamente del exterior y de la luz, para aumentar su conservación en perfectas condiciones, en un recipiente que en su parte más fina tiene menos de cien milésimas de milímetro de espesor.

El segundo componente en esta ecuación de la sostenibilidad es evidentemente el reciclado. Aprovechar un producto usado, en el ámbito de los materiales metálicos no es ninguna novedad. Los metales son materiales permanentes: se pueden refundir para fabricar los mismos u otros productos de manera infinita. Para la humanidad, que aprendió a extraer los metales de la tierra hace miles de años, la edad del reciclaje coincide con la propia Edad de los Metales. Ésto, que es rigurosamente cierto en muchos de sus ámbitos de utilización, tardó algo más en ponerse en marcha en el ámbito de los productos de consumo simplemente por una razón histórica: los envases metálicos de bebidas llegaron al hogar hace relativamente poco, menos de cincuenta años.

En 2014 probablemente alcanzaremos el 90% de reciclado de las latas de bebidas en nuestro país. En ese campo del reciclado de envases doméstico se sigue librando hoy día una batalla inútil con algunas organizaciones ambientales, que no siempre persiguen el bien del planeta. Los ciudadanos han mejorado sus condiciones de vida por muchos motivos, y uno fundamental es por la mejora de las condiciones higiénicas tanto en el hogar como en los productos que llegan a él, especialmente para su alimentación.

Y las bebidas se han convertido en un elemento fundamental. Para tener en el hogar una variedad de productos (sean o no bebidas) también hay que tener una variedad de envases. Al igual que hace bastantes años la posibilidad de esterilizar productos y envasarlos asépticamente supuso un disminución radical de enfermedades, en el ámbito de las bebidas domésticas la posibilidad de tener muchas variedades y tipos sólo pudo ser realidad cuando se dispuso de modernos formatos para envases de bebidas.

Esa mayor variedad también lleva a tener menos cantidad de cada una. Cuando las bebidas consistían en agua, leche o vino, bastaba con tener unos grandes recipientes en una bodega y hervir la leche a conciencia cuando llegaba al hogar. Ahora, cuando se tienen en primer lugar menos habitantes (familias más pequeñas), menos ocasiones de compra (concentración de la compra en menos actos) y sobre todo mas posiibilidad de elección, aparece la importancia del envase individual. Por eso en casa podemos tener muchos tipos de bebidas, en envases que ocupan poco espacio y pesan poco, que se pueden almacenar y apilar en espacios reducidos y que al enfriarse rápido hace que no sea preciso conservarlas en frío hasta poco antes de su consumo.

Pronto volveremos a oír hablar de la necesidad de disminuir el consumo de productos envasados. Muchos de los que lo piden ignoran que en un producto envasado hasta el 90% del impacto ambiental puede residir en el contenido, y el resto en el envase. Disminuir los envases supone tener más ocasiones para tirar productos, algo que por otra parte los detractores de los envases tampoco están dispuestos a admitir.

Qué pedimos pare el resto de este 2014: buen juicio, rigor en la medida de los impactos ambientales de todo lo que consumimos, y continuar con el esfuerzo de desacoplar el consumo de materias primas del crecimiento económico, es decir, seguir por el buen camino.